Y apareció la diputada de Vox-Ceuta, Teresa López, y con su entrada en el Pleno extraordinario que se está celebrando este lunes evidenció, sin tener que hablar ni dar espectáculos baratos, que el partido está roto.
Y lo está porque ni siquiera el elevado hoy a portavoz, Patxi Ruiz, sabía que su compañera López iba a venir tras una larga baja por cuestiones médicas.
Así las cosas, mientras Ruiz, erigido en mano derecha de Juan Sergio Redondo, estaba excusando la ausencia de López, la diputada entraba con paso firme en la sesión plenaria dejándolo, literalmente, mudo.
Las miradas e incluso alguna sonrisa se han adueñado de los demás diputados presentes mientras la cara de Ruiz era un poema. La escenificación de esa falta absoluta de comunicación en el Grupo que Juan Sergio Redondo ha intentado callar durante meses ha quedado hoy, como estrategia, arruinada con la entrada de López sin que ni siquiera Ruiz lo supiera.
La sangría abierta en un partido que parece dirigido de forma dictatorial y no con el consenso de sus principales actores que han sido arrinconados, tal es el caso de Carlos Verdejo y la propia Teresa López, ha quedado evidenciada en este tipo de situaciones.
López dimitió hace ya meses como vicepresidenta de Vox-Ceuta, gesto usado por Redondo para aupar a ese puesto a su fiel Patxi Ruiz. López dio ese paso sin ruedas de prensa ni comunicados, pero de trasfondo reflejaba la auténtica marejada que estaba afectando al partido.
La falta de transparencia en la toma de decisiones y la oposición a la forma de actuar del líder Juan Sergio Redondo ha hecho estallar el partido, por mucho que este se esmere en intentar ‘vender’ que son un equipo e incluso una alternativa política.
La gestión, la forma de actuar en política o la imposición de criterios personales no consensuados por los demás miembros del Grupo ha terminado por romperlo, aparcando a Verdejo -que sí compareció públicamente para dar sus razones- y a López, que aún no ha hecho declaraciones a los medios de comunicación.
El Grupo está claramente dividido, Redondo y sus dos fieles a un lado; López y Verdejo a otro. Estos dos diputados apartados, sin que se les comunique nada y sin relación, tal y como ha quedado evidenciado hoy mismo cuando ni Ruiz conocía de la entrada en el pleno de su propia compañera, quien no solo fue pieza clave del partido sino también diputada nacional por Ceuta.
Vox se muestra como un partido roto internamente, pero también, y más aún hoy, de forma externa. La clave está en el no respaldo a la manera personal y autoritaria de manejar el partido que ejecuta Redondo. La desestructuración a nivel interno y externo es un hecho. El líder lo sabe, lo ha intentado callar, pero los hechos son incluso hoy más pesados y válidos que las propias palabras.
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