Opinión

El vocablo caracol: una versátil antología (I)

Cuando llega la primavera es corriente en muchas ciudades españolas el comienzo de la temporada de consumo de caracoles. Numerosos puestos de venta los ofrecen con diversas formas de cocinado. Aunque escribí un pequeño artículo sobre este tema gastronómico y sociológico, me suscitó una reflexión sobre la amplia y diversa utilización del término caracol. Comencé a investigar y pude encontrar una extensísima y curiosa aplicación del vocablo y sus variantes a diversidad de conceptos, temas, denominaciones y nomenclaturas. He pretendido plasmarlas en este trabajo, posiblemente no exhaustivo, pero sin duda extenso e ilustrativo.

La versatilidad del término caracol y sus derivados, adaptándose a diversidad de significados e identificaciones, no cabe duda que articulará un escrito heterogéneo, casi enciclopédico, pero no abigarrado. Comienzo, sin orden de prelación previo, con algunos significados:

Según el diccionario de la RAE el verbo intransitivo caracolear es: “Dicho del caballo: Hacer caracoles” y caracoleo es la acción y el efecto de caracolear, hacer cabriolas, giros, vueltas o torno. Recurriendo al Diccionario de Veterinaria y sus ciencias auxiliares del militar y veterinario Carlos Risueño, editado en Madrid en 1826-1834, encontramos que “hacer el caracol” es: “trabajar con el caballo sobre un círculo espacioso reduciendo cada vez más este círculo hasta concluir en su centro” y el efecto inverso, que denomina “deshacer el caracol”.

Recurriendo de nuevo a la RAE encontramos que caracola es “un instrumento musical de viento consistente en una concha de caracol marino” y caracoleada “una cencerrada que se da con las caracolas”. Caracolero y caracolera son “personas que cogen o venden caracoles”. Caracolita es “una niña diminuta, despejada y traviesa”.

En Japón se utilizan el término hikikomori o “de la puerta cerrada”, para denominar un síndrome de aislamiento social que evita compromisos de este tipo con amistades, trabajo o educación recluyéndose en casa. Afecta mayoritariamente a jóvenes, que son denominados “niños caracol”.

Refiriéndonos a la arquitectura, la escalera de caracol es un tipo de escalera en forma de espiral que se compone de un mástil central ramificado en una estructura conformada por peldaños dispuestos en círculos concéntricos alrededor del ese eje central. Tienen forma trapezoidal, son estrechos en la zona próxima al eje y ampliándose al separarse de él. Una barandilla o balaustrada se fija en ese extremo del peldaño más alejado.

Se construyen con giro a la derecha o a la izquierda, aunque usualmente la línea de paso suele diseñarse siguiendo el sentido de las agujas del reloj ya que permiten una mayor seguridad de agarre al pasamanos, en la bajada. Claro está que a las personas zurdas les sería más cómodo el sentido contrario.

Debido a su compacto diseño son un modelo de escalera adecuada a espacios interiores de pequeña dimensión, frente a los modelos tradicionales lineales que necesitan más amplitud.

A título ilustrativo pueden citarse los tres tipos más usuales: De caracol de eje cerrado, también denominadas de husillo, estructura circular fijada a un eje central sin descansillos. Escalera de caracol con alma− que puede ser un poste o un muro− los peldaños no dejan hueco en su eje. Escalera de caracol de ojo, construidas alrededor de un pozo circular o elíptico en el centro−que se asemeja a un ojo− con peldaños apoyados en un muro que le sirve de alma.

Aunque parezcan sinónimas, las escaleras de caracol y las escaleras helicoidales presentan algunas diferencias. Mientras la escalera de caracol presenta una estructura compacta curva en forma espiral y los peldaños están anclados alrededor de una columna recta como eje central fijo, la escalera helicoidal presenta igualmente un diseño curvado y recibe su nombre por la similitud con una hélice y gira alrededor de un espacio central vacío que puede ser circular, elíptico, ovalado, cuadrado o de otra original geometría, ocupado con elementos no vinculados a la estructura de la escalera.


La helicoidal necesita más espacio que la de caracol, sus peldaños son más cómodos para transitar. La de caracol posee un carácter más tradicional y funcional, mientras que la helicoidal es más llamativa y elegante.

Independientemente de su utilidad práctica las escaleras de caracol son, con frecuencia, un elemento decorativo. Se construyen de diferentes materiales: de piedra; metálicas de hierro, más resistentes, o de aluminio, más ligeras; de madera, más clásicas y acogedoras y de vidrio, de elegante modernidad.

Entre las ventajas de las escaleras de caracol se encuentran las de ocupar menos espacio que las tradicionales y son útiles en espacios reducidos pudiendo proporcionar un toque de elegancia y distinción. Sin embargo, llevan apareadas algunas desventajas: su estrechez supone una incomodidad o dificultad para personas mayores o incapacitadas, así como cierta peligrosidad para niños pequeños. Asimismo, no permiten el traslado de mobiliario u objetos de tamaño voluminoso. Las helicoidales presentan mayor suavidad en estas desventajas.

Las escaleras de caracol han ocupado un lugar importante a lo largo de la historia a través de siglos y culturas, fundamentalmente con una utilidad funcional. Parece ser que la escalera de caracol más primitiva, aunque diferente a las actuales, se registró en el Templo A de la antigua ciudad griega de Selinunte, en el año 480 a. C.

Una significativa escalera de caracol −que si puede considerarse la de más antigüedad con el diseño actual− es la que se encuentra en el interior de la columna de Trajano, que aún se mantiene erecta en Roma. Se inauguró el año 113 d. C. para conmemorar la conquista de Dacia. Su construcción debió ser muy laboriosa porque está compuesta de dieciocho enormes bloques de mármol de Carrara de unas cuarenta toneladas, con relieves grabados, cada uno, superpuestos y en el interior de ellos se contenía un tramo de escalera. La componen 185 escalones, tiene una altura de unos 40 metros y está iluminada por 43 troneras al exterior del friso.

Las escaleras de caracol también fueron utilizadas en la construcción del Coliseo romano. Posteriormente, en la Edad Media se utilizaron las escaleras circulares de caracol en las torres y los castillos con un diseño estratégico que facilitaba la defensa. Por esta razón eran estrechas y orientadas en sentido ascendente a la derecha según las agujas del reloj. Con este diseño los asaltantes, muchas veces con armaduras, tenían gran dificultad de ascender además en fila y grandes dificultades para utilizar las espadas, portadas habitualmente en la mano derecha. Estaban desprovistas de barandillas, con cual los defensores podían provocar fácilmente la caída de los asaltantes.

Mas tarde, al pasar el tiempo, se constató la utilidad de las escaleras de caracol en las construcciones civiles y residenciales, con utilización de diversos materiales. Aparte de cubrir su funcionalidad se aportaron diseños que dan a las mismas una característica ornamental y distintiva. Son emblemáticas ciertas escaleras de caracol como la existente en el Vaticano, construida por Bramante en 1512. Con posterioridad Giuseppe Momo construyó, también en el Museo del Vaticano, escaleras de caracol inspiradas en la de Bramante. En Santiago de Compostela, en el Museo del Pueblo Gallego, es interesante contemplar la vistosa escalera de caracol, de triple hélice, de Domingo de Andrade en el siglo XVII.


La masonería es una sociedad fraternal e iniciática, con sus orígenes en los antiguos gremios de la Edad Media, que busca el desarrollo moral y espiritual de sus miembros, a través de grados y rituales. Utiliza una serie de símbolos con significados, procedentes en gran parte de las herramientas usadas por los canteros medievales. Los más destacados son: El delantal, la escuadra y el compás, la letra G, la plomada y el nivel, la paleta, los sillares brutos y pulidos, las columnas y por lo relacionado con este trabajo, la escalera de caracol.

La simbología contenida en la escalera de caracol, inspirada en el templo del rey Salomón, es el ascenso a través de sus escalones al progreso espiritual y al conocimiento que debe realizar el iniciado.

Precisamente, por no tratarse de un ascenso sencillo es por lo que se representa una escalera de caracol, en el segundo grado, que no permite ver lo que hay en su cima hasta que se culmina el ascenso. Se llega a la Cámara del Medio y se recibe la recompensa por el estudio y el trabajo.

El número de gradas es impar como idea de la perfección, aunque su cuantía ha ido variando a lo largo de su historia. Los masones adoptaron este símbolo refiriéndose a lo escrito en el Primer Libro de los Reyes VI.8: “La entrada a la cámara lateral inferior estaba al lado derecho de la casa y se subía por una escalera de caracol al piso del medio, y del medio al tercero”.

Ya que hemos hecho referencia a la Biblia, hay que señalar que en el Salmo 58:8, de David, se hace referencia al desprecio y la muerte para los malvados “pasen de ellos como el caracol que se deslíe, como el que nace muerto, no vean el sol”. Posiblemente se interpretaba que la baba que van dejando los caracoles significaba que iban derritiéndose hacia la muerte.

Continúa teniendo protagonismo el caracol en el terreno de las creencias. En la religión yoruba, fundamento de la santería cubana, los caracoles tienen una especial significación y se utilizan de variadas maneras en rituales y ceremonias. Consideran que representa un modo de conexión entre los Orishas y los seres humanos. Se utilizan las conchas pequeñas, blancas y brillantes de los caracoles marinos caurí en el oráculo de Dilogun. Es una ceremonia de adivinación mediante la cual el santero lanza 16 conchas sobre una mesa y según la posición en que caen se interpreta la voluntad de los Orishas con sus orientaciones, el pasado, presente y futuro del devoto.

Los caracoles en la santería son un símbolo sagrado que adornan altares y ofrendas para atraer protección de los Orishas y como amuletos para la salud y prosperidad. También se le dan un componente de apoyo a la fertilidad en todos los aspectos, tanto materiales como espirituales.


En la brujería también tienen acogida los caracoles ya que considera que son una conexión con lo divino, identificando la espiral de sus conchas con un recorrido laberíntico interior hacia la claridad espiritual.

Ocupando los terrenos de la zoología o la botánica el caracol también tiene presencia. Entre las aves existen especies a las que le gusta comer caracoles, como el ánade real, azulón o pato cuello verde, y la gaviota patiamarilla que prefieren los de pequeño tamaño, mientras que el morito común (Plegadisfalcinellus), ave zancuda de plumaje marrón o pardo, que frecuenta humedales costeros, engulle ejemplares adultos.

En la zona tropical de Centro y Sudamérica, Antillas y centro y sur de Florida, el caracolero común (Rostrhamussociabilis), ave rapaz que habita en lugares alrededor de lagos y pantanos con abundante vegetación, se alimenta de caracoles como indica su denominación.

Existen unas culebras de la familia Dipsadidae, de diferentes especies, que reciben el apelativo de caracoleras por ser estos animales su base de alimentación. Son nocturnas, no agresivas y no venenosas o de forma ligera, poseyendo colmillos opistoglifos: la Dissapratti o caracolera es arbórea endémica de Colombia y Venezuela; la Dipsa brevifacies o culebra caracolera chata, es endémica de la península de Yucatán y norte de Belice; Dipsa gaigeae o culebra caracolera de Gaige; Dipsa pavonina o caracolera pavonina, habita en diversas regiones de América del Sur; Tropidodipsasartorii caracolera terrestre, nativa de México, Belice, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica; Sibonnebulata o caracolera subtropical, del sureste de México, América central, Colombia, Venezuela, Ecuador y Brasil.


El caracolillo, también denominada enredadera de caracol, es una planta de jardín, leguminosa trepadora originaria de América del Sur. Sus flores son grandes blancas y azules, aromáticas y enroscadas en forma de espiral que se denominan también caracolillos o flor de caracol.

Asimismo, en el DRAE figura el término caracolillo con las acepciones: “Clase de café muy estimado, cuyo grano es más pequeño y redondo que el común”; “Clase de caoba que tiene muchas betas” y “Guarnición que solía ponerse al canto de los vestidos”.

El apelativo caracolillo ha sido también adoptado por algunos artistas. Esteban Guerrero, Caracolillo de Cádiz, es un cantaor flamenco actual, nieto de Francisco Guerrero, Caracol de Cádiz. El bailarín y bailaor Federico Casado Algranti, nacido en Cádiz, ya fallecido, era conocido con el apelativo de Caracolillo y estuvo casado con la cantante flamenca Juanita Reina.


Un elemento distintivo de la cantante y actriz sevillana Estrella Castro Navarrete, Estrellita Castro, fue el caracolillo o rizo de pelo que lucía sobre su frente, de tal manera que su voluntad fue que al fallecer la enterraran, como así se hizo, con su caracolillo y su mantón de Manila.

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