El 14 de marzo de 2022 se produjo la muerte violenta en Ceuta de la funcionaria del juzgado, Ángeles Lozano, víctima de estos hechos.
Pero desde ese día, se está escribiendo también la vida de una joven que viene marcada por la huella imborrable de haber sufrido presión psicológica por los menosprecios padecidos desde niña y ser testigo de la muerte violenta de una madre, quien era además su apoyo.
Este viernes se han podido escuchar las declaraciones de profesionales que trataron a la hija para valorar sus secuelas psicológicas. Todas han coincidido en su gravedad y en que desde niña, antes del brutal suceso, ya era víctima de un clima asociado a la violencia de género, un clima de menosprecios que incluso los había normalizado al no entenderlos.
Hoy se ha producido la declaración de una psicóloga forense del juzgado, adscrita al IML, que exploró a la hija del policía local acusado del asesinato de su mujer.
No hay simulación de relato

Ha concretado que en esa exploración nunca detectó “simulación” del relato, es decir, la niña siempre contó la verdad a la hora de narrar abusos psicológicos sufridos por ella y su madre por parte de quien, siendo su progenitor, debió erigirse en un referente, pero se presentó como alguien carente de afecto hacia su hija, recordando solo castigos y menosprecios.
En la preadolescencia, es cuando esa niña empieza a entender que eso que recibe de su padre no es normal, empezando a sentir “asco y rechazo” hacia él, desarrollando a su vez un rol de protección hacia su madre cuando la veía sufrir esos episodios de menosprecio constante, aunque ese papel no le correspondiera. De hecho, lo adoptó hasta el último momento, cuando forcejeó con su propio padre para que no siguiera disparando.
La joven empezó a evitar contactos con su padre como una especie de coraza protectora.
Las consecuencias de todo esto, de una infancia y adolescencia marcadas por el miedo y ser testigo después de un crimen, el de su madre, han provocado un estrés postraumático imposible de superar.
Las consecuencias de ese crimen
Queda presa de un estado constante de vigilancia porque teme que le suceda algo a ella o a su hermano, además de caer en una situación extrema de culpabilidad por lo sucedido.
Sufre pesadillas difusas y otras concretas asociadas a esa muerte.
Ese daño psicológico y psíquico es compatible, ha concretado la profesional, con el trauma: el asesinato y la historia previa que ha tenido que sufrir.
Todo esto deja una huella imborrable que deriva en síntomas que le acompañarán de por vida.
Esas frases de “te voy a endiñar” o “te voy a romper la cabeza” que formaban parte de un clima propio de violencia en el ámbito familiar y que sufrió la joven, terminó en lo más extremo como fue ese asesinato de la persona que más quería y que presenció.
En este informe sobre la joven no se tuvieron en cuenta los antecedentes psiquiátricos de su padre, el acusado. Pero, de haberlos tenido en cuenta, el contenido de ese informe tampoco hubiera variado.
Es más, la profesional ha dejado claro que una persona violenta por su condición psiquiátrica lo sería en todos los ámbitos en los que se mueve, no solo el familiar. En este caso, en cambio, la agresividad era materializada solo en ese control hacia la mujer.
Estrés postraumático sufrido
Hoy también se ha escuchado la declaración de una médico forense del IML quien ha recalcado que la entrevista clínica hecha a la niña era compatible con los test que se le hicieron en el plano psicológico.
Todo es ajustado a ese trastorno por estrés postraumático por haber vivido un suceso tan extremo que ha generado una huella de por vida.
El tratamiento que recibe puede paliar ese auténtico drama.
El tercer testimonio escuchado hoy ha sido el de una psicóloga no adscrita al IML que atendió y sigue atendiendo a la joven tras ser derivada desde el centro asesor.
Al igual que las otras profesionales ha incidido en las secuelas que sufre y a cómo desde pequeña fue víctima de un ambiente violento e impropio.
Esa carencia emocional desde niña le generó autoestima insegura provocada por un padre que le reprocha que no vale para nada.
Los síntomas se agravan con el crimen, pasando así de estadíos desde niña que evolucionaron del asco al odio y el miedo.






