La víbora hocicuda es autóctona del norte de África.
La víbora hocicuda y la del Magreb han centrado una de las ponencias con las que se han cerrado las ‘XIII Jornadas sobre el medio natural y su entorno’ que durante estos días se han desarrollado en la Biblioteca del Estado, organizadas por el Instituto de Estudios Ceutíes, IEC.
Si bien la denominada víbora del Magreb se encuentra “distribuida por todo el norte de África y la zona del Mediterráneo y parece que no tiene problemas de conservación aparentes”, la hocicuda y la víbora enana del Atlas comienzan a preocupar sobremanera a los expertos en la materia. “Habitan en áreas montañosas muy elevadas, a partir de los 1.500 metros, pero se encuentran en declive”, explicó Fernando Martínez, biólogo e investigador postdoctoral en el CIBIO, Centro de Investigación y Biodiversidad y Recursos Genéticos, de la Universidad de Oporto en Portugal.
Una vez más, el ser humano vuelve a ser el mayor enemigo de una especie, colocándola así en la lista de animales en riesgo de extinción, como ocurre con estas dos víboras, cuyo hábitat natural en el Rif y el Atlas medio ha sido invadido por el avance indiscriminado del hombre. “El uso del terreno para nuevas infraestructuras, la extracción de leña en el alto Atlas o los cultivos de cannabis en el Rif está destrozando estos ambientes”, apuntó el experto.
El segundo gran enemigo de la víbora es el cambio climático que padece el planeta y que, a pasos agigantados, amenaza con arrasar a numerosas especies. Según Martínez, su ubicación en el marco de unas “condiciones tan específicas de precipitaciones y humedad, parece indicar que van a perder su hábitat, dados los pronósticos de los próximos años sobre la subida de temperatura”.
Únicamente quedan cuatro núcleos poblacionales de la víbora hocicuda, cuya especie también se extiende por Argelia y Túnez, país este último en el que, sin embargo, no se ha localizado ningún ejemplar en los últimos 50 años. La erradicación de uno solo de estos núcleos supondrá “la desaparición de un linaje evolutivo muy antiguo, con lo que se perdería una gran diversidad genética y una importante historia evolutiva del grupo”.
La solución no es en absoluto sencilla, aunque para Martínez está claro que la supervivencia de esta especie tan vulnerable debe pasar por una mayor concienciación ciudadana. “No son animales muy apreciados, pero hay que educar a la gente para que comprendan el importante papel ecológico que tienen. Además, son parte de nuestra biodiversidad”.
Es por ello, que el biólogo aboga por la protección de su hábitat natural e incluso la motorización de ejemplares y “cría in situ”.
En riesgo de pasar a convertirse en una de las especies extintas del planeta, la desaparición de la víbora hocicuda supondría importantes cambios en la cadena atrófica al tratarse de depredadores que, a su vez, también son presa de algunas aves. “Podrían producirse cambios en estos ambientes húmedos ya que están en una línea de la cadena que desajustaría la parte superior y la inferior y se podría vivir la dominación de algunas especies”, apunta Martínez.
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