Son las miserias que esconde el medioambiente en Ceuta. Las que son el resultado del abandono o, como asegura el vicepresidente de Septem Nostra Óscar Ocaña, fruto de una “actitud miserable”.
Toallitas y aguas fecales ‘conviven’ en el entorno de Fuente Caballos. Son vertidos directos al mar y permanentes que causan daños medioambientales pero también para la salud. Son ejemplos del descontrol que se extiende a otros focos importantes de contaminación como supone el vertido de salmuera de la planta desaladora (harto denunciado y nunca solucionado) o las sueltas procedentes de la EDAR.
“No hay un control ambiental”, denuncia Ocaña. Tampoco un sistema de vigilancia y mucho menos un interés para cambiar esta situación.
En el caso de Fuente Caballos los vertidos de aguas fecales se producen a la vista de todos: toallitas, compresas y variedad de residuos dañan los fondos marinos de forma constante teniendo sus efectos directos en el ámbito natural pero también en la salud de quienes practican actividades náuticas como el buceo.
Ocaña lamenta que esta situación siga así y que no haya “intención de arreglar” lo que sucede, evidenciando por tanto una “actitud miserable” por parte de los responsables.
Para Septem Nostra la inversión centrada exclusivamente en “lo aparente” y la “injusticia” de no ser “responsables” con el medio ambiente es gravísimo. Lamenta que la clase política, tanto Gobierno como los partidos en la oposición, solo esté centrada en la resolución de otros asuntos y no en que se cumplan las leyes, en establecer un plan de vigilancia que frene este “desmadre”.
Ese nulo interés se aprecia no solo en problemas permanentes como el de la salmuera de la desaladora o los vertidos directos al mar que no se subsanan sino en, por ejemplo, no tener un área política dedicada en exclusiva a estas competencias que han sido asumidas por Fomento. Ya ese algo más que un detalle tiene su propia lectura.
“No ponen interés”, lamenta Ocaña. Ni desde la Presidencia de la Ciudad ni desde los partidos en la oposición cuya labor es precisamente la de fiscalizar y denunciar los problemas existentes. “No cambia nada y esto ofende mucho”, añade, de ahí su denuncia por la acción “miserable, injusta y autodestructiva” que impide la resolución de problemas cuyas consecuencias afectan a todos.
“Ellos tienen el poder de gobernar”, indica en alusión al Ejecutivo, “también de criticar”, añade respecto de la oposición. Pero nadie asume una implicación que evite situaciones impropias de este siglo con vertidos permanentes y a la vista de todos sobre los que ni se actúe, ni se controla, ni se sanciona.
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