Teníamos a los críticos del PSOE, un partido que ha cerrado las heridas en tiempo récord, al menos de cara a la galería. Ahora se presentan en sociedad los críticos de Vox.
La sangría en el partido era un hecho por las escenas visibles en los plenos, ahora se ha dado un paso más con la acción política en solitario que parecen haber emprendido los diputados Carlos Verdejo y Teresa López.
El Grupo está roto, por mucho que oficialmente se quiera evitar un pronunciamiento que suponga reconocer que hay una crisis que sabemos cómo ha empezado, pero no su fin.
Y eso es precisamente lo peligroso, no conocer el capítulo final de las historias.
Verdejo y López difundieron la visita al centro de Punta Blanca como la cursada por dos diputados de la Asamblea. Ni rastro de la marca Vox, ni rastro de las siglas políticas. No hay comunicación ni relación entre diputados, tampoco parece haberlo en la difusión de una acción política llevada a cabo por dos de ellos e incluso en la forma de trasladarlo a la prensa.
Juan Sergio Redondo es el líder de 3, controla un equipo roto, sin comunicación, en el que los derechos y deberes de los diputados parecen estar pasando por filtros impropios de una acción política en la que más se busca colocar piedras en el camino que allanarlo. Se debería dar una explicación pública ya que tanto dicen respetar a sus votantes.
Vox avanza como un partido-farsa, un sucedáneo, un equipo herido de muerte que va perdiendo fieles en cuanto descubren qué hay tras las caretas.






