Por la madrugada, con nocturnidad y alevosía. Cinco personas, al parecer todos ellos jóvenes, pensaron que era buena idea quemar vivo al sin techo que dormía en la plaza Alcalde Ricardo Muñoz.
Poco antes de las seis de la madrugada le rociaron con algún tipo de líquido inflamable, aún sin identificar, y después le hicieron prender.
Yamal Abderrahim lleva siete años en la calle, y esta es la segunda vez que sufre una agresión. Lo que es peor, según declara, dos de quienes ayer le quemaron habían participado en el anterior altercado. Se trata de un sin techo conocido por la zona centro pues casi siempre duerme en el mismo lugar y suele pasear por la zona de la calle Real de manera habitual.
Si sobrevivió, explicaba, es porque pudo apagar él solo la ropa. “Rodé, di vueltas, hasta que se apagaron las llamas. Intenté quitarme el pantalón, pero ya estaba pegado a la piel y no pude”, según relató Yamal. Una vez consiguió asegurar su supervivencia, fue hasta el ambulatorio José Lafont, donde le aplicaron las curas a sus quemaduras de segundo y tercer grado.
Las quemaduras son un tipo de heridas que habitualmente tardan en sanar, y que requieren un mantenimiento y una higiene cuidada. A Yamal se le podía ver ayer por los mismos lugares de siempre, y bien a simple vista. Sólo su andar renqueante, moviendo con dificultad su pierna izquierda, y una venda que asomaba por la mano hacían pensar que algo era diferene. Debajo de las ropas, medio cuerpo bajo el cuál se ocultan vendas que cubren quemaduras. “Espero ver a mi hermana, no tengo papeles que digan quien soy y ella es la única que puede hacerlo; así podré ir a hacerme las curas”, explica con una voz que denota, sobre todo, mucha resignación.
La suficiente como para ni siquiera ir a denunciar los hechos y que la Policía Nacional se tuviera que enterar de los hechos por la llamada del ambulatorio José Lafont. Ni siquiera quiso ir al hospital (“Igual me ingresan, y no soporto los espacios cerrados”). Finalmente, el cuerpo policial le localizó y la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta UDEV ya ha comenzado la investigación, en la que también participan miembros de la Policía Científica. Aunque no ha sido porque Yamal haya querido denunciar, porque cuando vio a los cinco agresores salir corriendo quiso no volver a verlos. “Salieron hacia el Poblado Marinero”, precisa.
No quería decir nada a la policía por miedo a represalias. “La primera vez que me agredieron me defendí, pero me dieron una paliza. Y me escupieron, pero no dijeron nada. Esta vez, tampoco, simplemente salieron corriendo”, cuenta. Y también dice que hace dos semanas se encontró con uno de ellos, que esta vez sí le habló. “¿Qué, vas a pegarme?, me dijo. Pero no iba a hacer nada, no quiero que me maten”.
Y no sólo se los ha encontrado una vez. Así que ahí sigue, con la esperanza de que no vuelvan a fijarse en él. “Ahora ya me da igual todo. Antes tenía mi trabajo, pero estuve en la cárcel, y después se murió mi madre, y desde entonces me da igual todo”, vuelve a resignarse. “Hay que ganarse la vida, no puedo quedarme aquí”, y va a lo suyo, y como otros días recaba unas monedas de aquí y de allí, o algún bocadillo de los que le dan de vez en cuando en establecimientos de la zona donde duerme, como por ejemplo la Tertulia Flamenca.






