El Ministerio de Sanidad ha adoptado una serie de medidas restrictivas que debemos cumplir todos. Nos gusten o no, en ello nos va la salud. La comparecencia del ministro Salvador Illa no pudo ser más clara: hay que esforzarse al máximo para que los riesgos sean menores y está demostrado que, en el caso del ocio nocturno, está generando mayores casos de contagios y está provocando una situación anómala que no puede descontrolarse. Las restricciones se ejecutarán una vez salga publicada la edición correspondiente en el BOE y se aplique a todas las comunidades autónomas. El ocio nocturno no puede seguir funcionando, como tampoco el botellón, pero a esto además hay que añadir otras consideraciones como la imposibilidad de fumar si no puede mantenerse una distancia o la reducción del número de participantes en determinadas reuniones. Ya ayer había quienes se quejaban de las medidas. No es cuestión de tal menester, es cuestión de protegernos, de cuidar la salud, de evitar que haya riesgos innecesarios que lleven a más contagios y, por tanto, más muertes. Mientras no haya vacuna no existirá forma de controlar la situación más que la basada en nuestra responsabilidad colectiva. Mascarilla, distanciamiento social, higiene... y ahora una nueva vuelta de tuerca consistente en restringir más la vida social y arriesgada volviendo la mirada hacia el hogar como única salida.






