El presidente Vivas y yo tenemos pocas coincidencias. Desde luego, no se si ello es bueno o malo, pero sí contamos con una de ellas que, en ocasiones, nos puede hasta hacer variar lo que uno piensa realizar durante una jornada completa. Y es que los dos somos supersticiosos y me cuentan que en el caso del jefe del Ejecutivo, hasta extremos insospechados.
Ayer mismo, aprovechando la rueda de prensa de presentación de los Presupuestos se lo dije a la consejera de Hacienda, Economía y Administración Pública, Susana Román: "Los presupuestos de este año están gafados porque los habéis aprobado el Día de los Difuntos". No es que el Día de los Difuntos sea gafe, pero no me parece la mejor jornada de todas las que están en el calendario para darle el visto bueno a las cuentas públicas. Además, estoy seguro de que si alguien le hubiera advertido de esta coincidencia al presidente, lo mismo hasta hubiera aplazado el Consejo de Gobierno durante unas horas y le da el visto bueno en la mañana del jueves.
Dejando de lado, por supuesto, esa situación de gafe que para mí tienen ya estos presupuestos que, como reconocía la misma consejera, han podido ser los más difíciles que se han redactado en los últimos años por partir de unas cuentas públicas prorrogadas por parte de la Administración General del Estado.
Sin embargo, para mí hay un aspecto preocupante en las cuentas públicas que, desde luego, tanto el presidente como la misma consejera de Hacienda deberán corregir a lo largo del año y está en relación con la incapacidad de ejecución del presupuesto que en el apartado de Fomento ha sido escandaloso. El remanente ha sido de más de 20 millones de euros.
No voy a entrar en las razones, pero, desde luego, ante las dudas es preferible dejar aparcado cualquier inversión y luego, si los hados son favorables, incluirlo en un expediente de modificación de crédito si existe posibilidad. La misma Román reconocía que para este año se ha decidido dejar de lado cualquier inversión que pudiera plantear problemas desde cualquier punto de vista para una mejor ocasión.
La capacidad de gestión presupuestaria es una obligación por parte de todos los servidores públicos, porque, entonces, resulta que un documento que debe marcar la guía de funcionamiento de una administración termina siendo papel mojado y no pienso que sea la mejor de las tarjetas de visita.





