Hoy Grecia se convierte en otra zona amurallada, otro punto que busca protección utilizando la defensa, poniendo freno a una inmigración, la africana, que nunca termina ni nunca terminará. El muro heleno mide 10,3 kilómetros y se sitúa a lo largo del río Evros, en la frontera entre Grecia y Turquía. “Esta área es frecuentada principalmente por traficantes porque pueden desembarcar con facilidad a los inmigrantes”, comentaba el portavoz de seguridad heleno Thanassis Kokkalakis, en una comparecencia hecha en 2011 cuando se dio a conocer el interés griego en ejercer este nuevo blindaje.
La situación en Grecia es de las más complejas que se producen en el ámbito migratorio. En sólo un año han pasado casi 57.000 inmigrantes, que son los que fueron interceptados en donde hoy ya se levante este muro. Esos son los que constan oficialmente, desconociéndose la cifra completa de los que consiguieron colarse burlando la vigilancia ahora notablemente reforzada.
El muro heleno es una copia típica del de Ceuta, salvo por un detalle, en su construcción no se ha contado con el apoyo de fondos europeos. Ha costado tres millones de euros para un país que va muriendo poco a poco aplastado por una crisis cada vez más radicalizada. Mide cuatro metros de altura, está rematado con concertinas y blindado con decenas de cámaras de seguridad controladas a su vez por agentes. Una visión puramente policial de la inmigración y su control. Idéntica a la que se aplica en muchos puntos de Europa. ¿Pero la adecuada? Las oenegés no se cansan de denunciar que esta no es la vía, que blindar los países con muros de este tipo no puede generar más que muertes. Apuestan por la inversión en África, por la explotación de otros canales, pero Europa funciona a golpe de impacto. Lo hace también en materia migratoria.
Grecia presenta su proyecto como la mejor forma de vetar la entrada de inmigrantes en Europa, erigiéndose, como Ceuta y Melilla, en otro gendarme.
Un continente a base de murallas
Europa va construyendo cada vez más murallas para hacer frente a la inmigración ilegal. Esos muros terminan separando incluso pueblos, marcando divisiones entre familias. Al perímetro fronterizo que separa Ceuta de Marruecos se unen otros como los de Melilla, el de Estados Unidos, el que separa las dos Coreas, Chipre o en la India. Son formas de frenar las inmigraciones que esconden también una visión política a menudo criticada de lo que es la inmigración y la problemática que la rodea. La Red Alma Mater de Colombia y el Colegio de la Frontera Norte de México (Elcolef) han resumido estos escenarios en el libro ‘Muros entre los hombres’, que refleja el drama de las comunidades que viven separadas por murallas o alambradas. Una lectura necesaria para saber el trasfondo social que hay detrás de estas apuestas en materia de seguridad. La Red Alma Mater agrupa a las universidades públicas de la zona cafetera de Colombia.






