El control de las fronteras exteriores de los Estados miembros de la Unión Europea es una cuestión que no sólo compete a las autoridades españolas.
Aunque la responsabilidad de su vigilancia recaiga sobre los efectivos de las Fuerzas de Seguridad correspondientes al país limítrofe con el exterior, esa circunstancia no significa que el asunto sea únicamente de su incumbencia. Es así, aunque a veces se olvide, en asuntos como la inmigración ilegal, que no son problemas específicos de un Estado sino del conjunto de la Unión. Responsables de Frontex se encuentran en nuestra ciudad estos días para conocer de cerca esta problemática. El control fronterizo es un asunto que, lógicamente, preocupa en la Unión Europea, sobre todo cuando existen grupos terroristas que tratan contínuamente de comprometer nuestra seguridad. En este sentido, el trabajo policial es imprescindible. Sin embargo, más allá del refuerzo de la vigilancia y de la supervisión del tránsito de personas y mercancía, hay una labor política de colaboración con los países de los que procede la inmigración que es necesario ampliar si realmente se pretenden soluciones definitivas. Mientras no se adopten este tipo de medidas, no hay motivo para pensar que no continuarán partiendo hacia la península grupos como el que ayer dejó Ceuta. Estaba formado total de 60 inmigrantes procedentes de Guinea Conakry y Costa de Marfil. Hace tiempo todos ellos consiguieron acceder irregularmente a territorio nacional. Después de entre tres y cinco meses durante los que se han realizado diversos trámites burocráticos, ya están en la Unión Europea. El fin de su aventura no supone, ni mucho menos, que vayan a ser los últimos que lleguen a nuestra ciudad. Al contrario. Su éxito es una invitación para que otros muchos de sus conciudadanos emprendan un viaje similar en busca de unas expectativas de futuro que no encuentran en sus países de origen y que la Unión Europea debería contribuir a generar si el objetivo es buscar una solución definitiva al problema de la inmigración irregular.





