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Una pérdida histórica

Han sido unos días que quedarán para siempre en la memoria de los españoles. Sin duda así será en mi memoria. Era una muerte esperada. No solo por la avanzada edad sino también porque muchos conocíamos el deterioro progresivo de su estado, mas acusado en los últimos meses. pero no por ser esperada ha sido menos sobrecogedora.

 

Pertenezco a una generación que realmente no vivió con conocimiento de causa los acontecimientos de los que el Presidente Suarez fue un actor fundamental. Sin embargo todos conocemos con suficiente amplitud esa parte de nuestra historia y, sobre todo, todos los españoles somos conscientes de cuánto nos jugamos en esos momentos y de que ahora disfrutamos de un sistema de libertades porque entonces algunas personas supieron estar a la altura de las circunstancias y porque supieron cuánto estaba en juego y actuaron con liderazgo, con patriotismo , con determinación y con capacidad de entendimiento…Una de esas personas fue sin lugar a dudas Adolfo Suarez y otra, que duda cabe, el Rey D Juan Carlos.
Por eso cuando estos días he tenido el privilegio de asistir a los actos en honor del Presidente Suárez, de estar en su capilla ardiente, de acompañar a su familia, de participar en su despedida del Congreso de los Diputados….he sido plenamente consciente de que estaba viviendo un momento especial de la historia de España y de que quería compartir ese momento con los ciudadanos a los que represento, con todos los ceuties. Asi intenté hacerlo cuando al saludar a la familia, transmití a su hijo mayor Adolfo Suarez Illana, el sentimiento de pesar de Ceuta entera, de todos los ceutíes de bien. Es curioso observar como una perdida como ésta ha podido concitar tanta unanimidad. Si bien todos sabemos que a la hora de la muerte se aúnan mayoritariamente los testimonios de valoración sobre el fallecido, en este caso se palpaba en el aire algo más profundo. Se sentía que el legado que se transmitía consistía básicamente en un mensaje: que en los momentos más difíciles siempre es posible encontrar un punto de acuerdo que permita seguir avanzando. Y ese mensaje ha sido el gran tema de conversación en los inevitables corrillos y encuentros que se forman en un acto de estas características. Suarez fue un hombre que proviniendo del Movimiento Nacional fue capaz de evolucionar en función de lo que España necesitaba para devolver al pueblo las libertades perdidas, para enterrar las hachas de la odiosa Guerra Civil, para abandonar la dictadura y todo lo que ello representaba e introducir a España en la senda de las democracias occidentales, para sin duda abrir España a todo el futuro que se merecía. Ya en la democracia incipiente fue el líder de la derecha política que supo alcanzar acuerdos fundamentales con el resto de fuerzas del arco parlamentario y social sabiendo que España necesitaba de grandes acuerdos en esos momentos de fragilidad social, política, económica e institucional. Sin renunciar a las propias posiciones políticas siempre es posible, cuando se encuentra la necesaria reciprocidad, llegar a acuerdos que beneficien a todos. Y en este caso los grandes beneficiados fueron los españoles, fue España. Mucho deberíamos aprender de esa actitud.
Ceuta también le conoció personalmente. Recordemos que nos visitó cuando ya era Presidente del Gobierno y que firmó en nuestro Libro de Honor. Yo mantengo el recuerdo del comentario de mi padre, que tuvo ocasión de departir con él en esa visita y del que afirmaba que le pareció una personalidad impresionante, de gran carisma, cercano y empático.
Por todo ello se me hizo realmente emocionante observar el transcurrir de personas que desfilaron frente a su féretro. De todo tipo, apariencia y condición. Personas mayores pero también muchos jóvenes.
Algunos visiblemente emocionados, otros sobrecogidos y otros sin duda preguntando sobre aquellos momentos de la historia que se despedían con Adolfo Suarez a otros que sabían mas que ellos. Y constaté que el pueblo, ademas de soberano, sabe apreciar lo que se hace por él, y que sin duda sabían, con mayor o menor conocimiento, la importancia de la increíble tarea desempeñada por Adolfo Suarez.
El transcurrir de personas se hacia de manera muy lenta, como si nadie quisiera marcharse; muchos querían acercarse a saludar a la familia a darles el pésame, tal y como se hace en el entierro se un ser querido, exactamente igual. Porque, para el pueblo español, eso es lo que acaba de pasar: hemos perdido a un ser querido.
Descanse en paz Presidente Suarez. Y que su legado de libertad y de consenso permanezca entre nosotros.

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