El proyecto del que hablamos hoy en nuestras anteriores páginas es una realización lógica por varias razones. En primer lugar, debido a que se debe cumplir con la legislación vigente al respecto.
En segundo lugar, porque aunque es lógico que todo lo acontecido en nuestro país forma parte de la historia de España, también hay que pensar en quienes, de alguna manera, se sienten vilipendiados por la continuidad, hace casi cuarenta años que murió Francisco Franco, de un monumento que es simplemente a una exaltación a la diferencia entre los españoles. La transición fue una muestra excepcional de como las dos España enterraron para siempre sus diferencias y fueron capaces de caminar juntas para construir un país nuevo, en el que estamos viviendo, con problemas, pero en libertad que era el gran concepto que se defendía en aquellos años de mediados de los setenta. Por tanto, no se trata de borrar una parte de la historia de España, sino de enterrar, de la mejor manera posible, los vestigios de un monumento que no apasiona a nadie y que si avergüenza a muchos. Una decisión lógica y que debió llegar hace años.





