El hermético artilugio dialéctico que ha sustentado la hegemonía política del PP en Ceuta durante el siglo veintiuno se está comenzando a agrietar
No es fácil sacudirse tanto tiempo de obnubilación. Pero las evidencias comienzan a ser tan clamorosas que se abre un horizonte de esperanza.
El PP, aupado por las tropas desplegadas en “El Perejil”, llevó a la sociedad ceutí el convencimiento generalizado de que sólo este partido era “capaz de defender con la fuerza suficiente los intereses de Ceuta”.
Implícitamente (por razones obvias) se entendía que se referían a la Ceuta heredera de la cultura portuguesa. En una Ciudad tan insegura de sí misma y tan miedosa este argumento resultaba incontestable. Cualquier otra idea devenía en superflua. Los ceutíes sólo quieren seguridad (frente a la “invasión” musulmana y frente a la “amenaza” marroquí, en muchos casos malévolamente fundidas o confundidas).
Así, a pesar del alud de pruebas que demostraban que esta máxima es objetivamente falsa, han sobrevivido durante dos décadas. Las infinitas felonías cometidas contra este pueblo, siempre topaban con un muro impenetrable: “el inequívoco compromiso del PP con Ceuta”. Un mantra infalible. Es difícil encontrar un ejemplo más claro de cómo una mentira, hábil e inteligentemente gestionada en el espacio público de opinión puede erigirse en una verdad categórica.
La última visita del Presidente de la Ciudad al Ministerio de Fomento nos ha ofrecido una prueba más (demoledora) de esta gigantesca falacia.
En una Ciudad como la nuestra, caracterizada por un permanente, intenso y omnímodo disenso, sólo una causa concita unanimidad: la indignación frente a la dictadura de las navieras. Todos y todas las ceutíes, sin excepción, tienen la absoluta certeza de que el “precio del barco” es un potente factor de aislamiento que nos dificulta la vida en todos los sentidos.
Por ello, lógicamente, esta reivindicación ha sido asumida por todos los partidos políticos, aunque cada uno de una forma diferente. Pero de lo que no cabe duda alguna es de que lograr que se pueda atravesar el estrecho a un precio asequible, es una prioridad unánime. Así lo reflejó el Presidente de la Ciudad en su discurso de investidura. “En esta legislatura esto debe quedar solucionado”. Pidió, y obtuvo, el apoyo de todos. Durante los dos primeros años, tuvimos que soportar, con paciencia (o resignación, nunca se sabe bien) la fase de las excusas técnicas y jurídicas.
Mientras tanto, el PP se encargaba de rechazar cualquier propuesta de intervención directa e inmediata. La elaboración de informes y estudios de escasa complejidad se demoraba desesperantemente. Hasta que, al final, el Gobierno de la Ciudad se decanta por una opción que sin ser “ideal”, indudablemente supondría un cambio radical en las condiciones actuales del mercado.
Puede ser discutible (sobre todo para quienes pensamos que las características de esta línea aconsejan el servicio público gestionado directamente con precios políticos); pero no se puede negar que sería un avance muy considerable. Consiste en imponer a todas las compañías, como “Obligación de Servicio Público”, una rotación diaria (ida y vuelta) a precios acordes con la naturaleza de este servicio (es decir, asequibles a todas las economías).
Desde hace un año se dispone de los informes que avalan la legalidad de esta medida (incluida la comunitaria, siempre especialmente celosa de las reglas de la competencia). El camino quedaba absolutamente expedito. Basta modificar un Decreto (como hacen en infinidad de casos cada Consejo de Ministros) La medida no tiene coste económico para el estado.
Se trata, de “moderar ligeramente” los beneficios de las navieras en aras al interés general, concretamente al interés de Ceuta. Y sin embargo, el Gobierno de la Nación no la aplica. Peor aún, el Ministro nos ha dicho, mofándose públicamente de todos los ceutíes, que “van a explorar” las posibles soluciones a este problema.
Una excusa ridícula e increíble que sólo sirve para ocultar sus verdaderas intenciones: dejar que las navieras sigan campando a sus anchas a costa de hundir a esta Ciudad y sangrar injustamente a los ceutíes.
El PP tiene difícil responder a esta pregunta sin avergonzarse ¿Por qué no ponen en marcha una iniciativa legal y sin coste alguno que solucionaría (parcialmente) uno de los más graves problemas de Ceuta? La respuesta, en el fondo, es muy sencilla. Al PP nunca le ha importado realmente Ceuta. Quien no lo quiera ver, que no lo vea






