Llevamos ya muchos meses hablando de la comisaría de Interior de la Unión Europea. Una comisaría que, ojalá, deje pronto de serlo tras los comicios que tendrán lugar a finales de mayo, porque el comportamiento que está teniendo con un problema que es de su más absoluta competencia es inaudito.
No solamente no se ha preocupado por conocer, de manera directa, cual es la realidad de las dos fronteras sur de la UE en Africa, como son las ciudades de Ceuta y Melilla, sino que ante la petición que le realizó hace un mes el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, pidiendo cuarenta y cinco millones de euros de manera urgente para blindar las dos fronteras ante la presión migratoria se ha hecho "la sueca", nunca mejor dicho. Ha preferido que por parte de los técnicos se cree una comisión que ha de estudiar las inversiones que desea realizar nuestro país, pero, lo que si está claro es que, al final, no dependerá de ella si hay o no placer, sino del futuro gobierno comunitario. No puede existir un mayor engaño por parte de un político que el no preocuparse por la realidad de sus competencias y la comisaría sueca es, por supuesto, una dirigente que hace que los ciudadanos sientan más lejos esa pertenencia a Europa, esa pertenencia que nos quieren vender como necesaria, que lo es, pero si quienes tienen la obligación de dirigirnos nos vuelven la espalda, mal lo vemos.





