Categorías: Opinión

Un paseo en el olvido

La nostalgia y el pesar se apoderan de mí al transitar por el Paseo de Las Palmeras. Solitario, frío, olvidado, extraño, devaluado… Quién diría ser el que fue. La reforma en profundidad de la vía acabó con su alma, el fin del monocultivo del bazar la arruinó y la Gran Vía terminó por apuntillarlo. Qué fue de sus traspasos millonarios, de su tradicional amplia y señorial acera rematada con las bíblicas palmeras y su elegante balaustrada sobre el mar, de aquel bullir de jóvenes hacia arriba y hacia abajo durante horas. Esa peculiar calle, la única de Ceuta que decían conocer tantísimos compradores peninsulares; la rúa preferida por propios y extraños para deleitarse en la contemplación del puerto y de la bahía norte.
Ciertamente, Las Palmeras fue nuestro paseo por excelencia durante algo más de medio siglo. Cuántos latidos de corazones empezaron a acelerarse en su acera a la vista de las personas amadas, muchas de las cuales terminarían desfilando por el altar. Calle que se llamó primero María de Palma, más tarde de Alcolea, luego de Martínez Campos y, posteriormente, General Franco, denominación por la que el pueblo nunca la conoció y no por ninguna connotación política, sino porque como Paseo de Las Palmeras la bautizaron los ceutíes a mediados de los años 40 y como pasó a llamarse ya oficialmente a partir de 1984 por decisión de la primera corporación socialista. Vía que la gente antigua de principios del pasado siglo denominaba Muro de San Juan de Dios, quizá en atención de que el glorioso fundador de la orden hospitalaria trabajara en ella, y en cuyos escombros, en su primera pavimentación sólida, apareció un precioso reloj de sol junto con gran cantidad de mosaicos, lámparas, objetos de orfebrería y otras piezas curiosísimas comprobantes del rango que Ceuta tuviera en épocas remotas.
Actualmente, y tras una interminable etapa de obras, la calle terminó por convertirse en un híbrido, como llegó a definirla acertadamente Gerardo Ferreiro. Ni peatonal, ni concebido para la circulación, el paseo no sólo perdió su alegría de antaño sino hasta algo de nuestra identidad. Muchos no acertamos a reconocernos en ella y, en ocasiones, hasta nos olvidamos de su existencia. Es como una sensación de extrañamiento ante la fría realidad del presente y la añoranza fatal de una especie de Arcadia perdida en ningún lugar o en ningún tiempo.
Desaparecidos sus bazares –los tres que quedan son ya de otro estilo–, los actuales establecimientos se han convertido en cafetería, oficinas, autoescuela, peluquería, tiendas de chucherías, de informática o de cerrajería. Pero el ocaso comercial de la calle es patente con establecimientos vacíos mostrando letreros de venta o alquiler, cuando no olvidados con sus persianas cerradas a cal y canto desde hace tiempo, como resignados a la espera de un milagro.
Derribada la antigua amplia acera que permitió dejar al descubierto en sus bajos los depauperados restos de la vieja muralla, el nuevo trazado comprimió el paseo peatonal, especialmente desde que se decidió abrir totalmente al tráfico la calle, a la que, por cierto, hasta se le retiraron los sólidos badenes que se colocaron para frenar a los conductores imprudentes de turno. Por cierto, que sigue sin atajarse el punto peligroso existente, por su escasa visibilidad, con el que los viandantes se encuentran en el cruce existente frente al desaparecido establecimiento de la casa Opel y en el que, además, ni siquiera existe un paso de cebra protector.
Las Palmeras, esa rúa abúlica e irreconocible, comercialmente hablando, merecería mejor suerte. La presencia de locales de hostelería con sus terrazas al aire libre, especialmente durante el buen tiempo, podría ser una opción, actualmente inviable abierta, como está, al tráfico rodado y, por consiguiente, cautiva de los ruidos y la polución ambiental de los vehículos, cuando no del temor ante las imprudencias de determinados conductores o motoristas.
Qué hemos hecho de aquel otrora emblemático paseo. Desposeído de su viejo encanto e identidad caballa, hasta le desaparecieron sus bolardos, ésos que ven en la fotografía, alguno de los cuales alguien me cuenta haberlos visto en cierto rastrillo de Castillejos o decorando la entrada de un elegante chalet del país vecino. Lástima de ciudad.

Entradas recientes

'Pastilla', condenado a 23 años y medio de cárcel por asesinar a 'Tayena'

La Sección 7ª de la Audiencia Provincial de Algeciras ha condenado al vecino de Ceuta,…

24/09/2026

'MegaProfes' llega a Ceuta para ofrecer apoyo escolar y refuerzo pedagógico

Fundación IDEAS y Cáritas Diocesana de Ceuta han presentado este jueves la edición 2026-2027 de…

24/09/2026

ATME exige a Defensa reglas claras y protección jurídica tras el reparto de espray de pimienta a militares en Ceuta

La Asociación de Tropa y Marinería Española (ATME) ha trasladado este jueves su profunda preocupación…

24/09/2026

Los campamentos de inmigrantes que ordena Pedro Sánchez en Ceuta van a más

Dice el mando único, Ángel Víctor Torres, que Ceuta no va a ser un gran…

24/09/2026

Ingesa: el Tribunal de Cuentas archiva la investigación sobre el gasto farmacéutico en Ceuta

El Tribunal de Cuentas ha concluido y archivado de forma definitiva el procedimiento de fiscalización…

24/09/2026

Golpe a la venta ambulante: sin descanso en la playa del Trampolín

Va a ser el día a día en la playa del Trampolín. Lo anunció la…

24/09/2026