¿Cómo se crea un prejuicio? Muy fácil, solo tienes que separar a dos grupos, resaltar sus diferencias y adjudicar a unos las cualidades necesarias para ser el grupo “elegido”. Después señala en el otro todas las cualidades negativas y cúlpale de todas las desgracias.
De esta manera se llevó a cabo en 1968 un ejercicio en el que se grabó a una clase de alumnos de primaria para concienciar sobre las consecuencias de la discriminación tanto para el grupo discriminatorio como para el discriminado.
Se dividió a la clase en dos grupos “ojos azules” y “ojos marrones”, la profesora explicó que los niños con ojos azules eran más inteligentes que los de ojos marrones, estos eran tontos y torpes. No se permitió que hablaran entre ellos, se les dio 5 minutos más de recreo a los de ojos azules, y se colocó a los niños de ojos marrones un pañuelo para identificarlos fácilmente. ¿Qué creéis que pasó? Efectivamente, los niños empezaron a creer en todo eso, ambos grupos aceptaron el rol que se les asigno e incluso los niños de ojos azules empezaron a recriminar ciertos comportamientos a los “ojos marrones” como así los llamaban. En ese momento empezaron a pelearse y lo que en principio eran unos niños adorables, se convirtieron en unos monstruos discriminatorios. “Una clase dividida” documental que da nombre a este ejercicio, muestra la realidad de la sociedad en la que vivimos ya que por desgracia no hay que irse muy lejos para comprobar el daño que pueden hacer los prejuicios y las discriminaciones aprendidas. Solo con salir a la calle y hablar de ciertos temas podemos comprobar que el mundo está dividido por el racismo, el sexismo o la homofobia, pero también y más aún por el especismo.
Creo que para saber cómo nos comportamos, tenemos que saber cómo nos educaron y la educación que se nos dio y se sigue dando de forma mayoritaria, no hace más que fomentar la discriminación hacia los seres con los que compartimos el planeta. Hacia los que llamamos “animales”.
Nos metieron en la cabeza que por un lado estaban los animales y por otro los humanos, pero no se nos enseño que en realidad, todos somos animales, todos iguales y a la vez diferentes. Se nos dijo que “los animales” estaban para satisfacer nuestras necesidades y por lo tanto, no había ningún problema en utilizarlos pero no se nos educó en el respeto hacia sus vidas, tan importantes para ellos como para nosotros la nuestra. No hay más que echar un vistazo a los libros de texto para darnos cuenta de cómo normalizan el uso y muerte de los demás animales. Individuos con caras sonrientes en las granjas, felices de “darnos” sus “productos”, siempre remarcando las diferencias para establecer un grupo elegido y otros de “ojos marrones”.
A partir de aquí, el proceso para borrar de nuestra mente cualquier discriminación arbitraria es duro, lento y costoso pero no imposible; confío que así sea porque de ello depende la vida de muchos animales que se han visto envueltos en los prejuicios que nos inculcaron y que solo podrán salvarse si nos damos cuenta de ello. Quizás no te contaron que no necesitamos a los demás animales para alimentarnos, vestirnos o divertirnos y te dijeron que no había más remedio que usarlos, ahora ya sabes que no es así. Tampoco te contaron que igual que nosotros, el resto de animales, necesitan sus vidas, pero eso ya lo sabías desde pequeño, ahora solo tienes que volver hasta el punto en el que te empezaron a engañar y comportarte como si no lo hubiesen hecho.
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