No aguantan más. Dicen que temen incluso irse de vacaciones. Y razón no les falta: ya han sufrido tres robos y siete intentos, sin contar el de la noche del pasado lunes. Ayer, hartos de la situación y sin saber ya a quien recurrir, acudieron en bloque a la Jefatura Superior para denunciar los hechos, aunque los agentes de servicio les indicaron que debían denunciar en los juzgados y les prometieron que iban a intentar desplazar más unidades policiales por la zona.
Desesperados regresaron a sus viviendas, en el ‘edificio Guil’, ubicado en Recinto Sur número 5. Ya no saben a quién creer. Es tal la inseguridad que ya sospechan incluso que pueda existir una especie de ‘efecto llamada’. Es decir, que los cacos se hayan informado entre ellos de la posibilidad de llevar a cabo robos en esta zona. Es tal la cantidad de ataques ya efectuados contra sus residentes que no cabe otra explicación.
La última intentona la protagonizaron un grupo de entre tres y cuatro menores que fueron sorprendidos por una vecina, dando la voz de alarma y haciendo que los ladrones se escaparan. A pesar de que todos los hombres del bloque salieron de sus viviendas en busca de estos adolescentes, no pudieron localizarlos. Que los propios vecinos se tengan incluso que preocupar en lidiar con los ladrones resulta ya esperpéntico, pero así está sucediendo desde hace un año. Ponen además en riesgo su vida, ya que por defenderse de esta inseguridad se enfrentan a los ladrones e incluso han podido ocurrir accidentes en estas persecuciones a la desesperada. Las obras de rehabilitación que se están llevando a cabo en el edificio marchan lentas y los andamios así como la ausencia de vigilancia terminan resultando favorables a los ladrones. Se han dado caso de intentos de robo en los que los autores han portado armas blancas, lo que no hace sino incrementar la inseguridad. Además este bloque está unido a otros dos y los delincuentes acceden de uno a otro. Los vecinos, que viven en régimen de alquiler, ya han trasladado por escrito a la inmobiliaria que gestiona el edificio esta situación. ‘El Faro’ denunció esta situación la semana pasada.
Las escolleras, posible escondite de los ladrones
Las escolleras que conforman Fuente Caballos son el lugar utilizado por quienes cometen delitos para ocultar lo robado. No es la primera vez que la Policía Nacional ha llevado a cabo redadas en la zona, buscando tanto los botines como a los autores de la aprehensión. Sucede lo mismo en el puerto, y es que los delincuentes intentan buscar lugares de difícil acceso teniendo a buen recaudo el material robado, que será siempre aquel al que puedan dar una rápida salida. Según explicaron ayer los vecinos afectados, la Policía se ha comprometido a tener más presente este punto, intentando así incrementar las rondas que se llevan a cabo por la zona, precisamente para evitar lo que para los ladrones debe ser ya un filón: atacar a los residentes de este bloque.