La situación que se vivió el pasado martes en aguas cercanas a nuestra ciudad, donde una lancha gibraltareña trató de embestir a una embarcación del Servicio Marítimo de la Guardia Civil cuando la misma nada más que pretendía identificarles se ha convertido en un verdadero problema político en la Roca.
Al final, la Benemérita detuvo a los tres ocupantes de la lancha y los puso a disposición judicial. El Juzgado decidió que el patrón quedara detenido en la prisión de los Rosales. Sin embargo, ayer por la tarde, en esa malentendida endogamia de los gibraltareños, donde cualquier situación es una agresión a la Roca, resulta que el primer ministro de la Roca salió a hablar con una concentración de familiares y amigos del detenido. Picardo, falto de respeto hacia los demás, como de costumbre dijo que lo primero era comprobar que el detenido estaba siendo bien tratado y que tenía sus derechos. ¿Qué piensa este político que se hace con un detenido en Ceuta? Y dentro de esas burradas, lo primero que debería preguntarse cuáles son las razones por las que huyeron si no tenían nada que ocultar y además dijo que "no vamos a permitir que a un llanito le detengan porque está pescando".
Ser llanito no es un pasaporte que permita el incumplimiento de la ley por costumbre, como sucede cada vez que salgan de las aguas de la Roca. Dentro de ese delirio que tienen allí, hablan de doce millas náuticas como aguas jurisdiccionales. Vamos, que más o menos, terminan dentro del Hércules que tenemos en la bocana.





