Demasiado ruidosos estos inicios en los gobiernos locales y regionales, cuando todo debería haber sido dentro de un proceso sosegado. A nadie beneficia que los extremistas que han sido aupados al poder con los votos, complacencia y tolerancia de un PSOE que no reconocen propios ni ajenos , hayan inaugurado sus primeros días en el poder descubriéndose ante una realidad que siempre les ha sobrepasado. Una realidad que les ha hecho enfrentarse al espejo y a la intemperie de la legalidad vigente y la desnudez de los números. La realidad del espejo la han encontrado cuando ha salido a luz pública el reflejo de sus pensamientos en tuits - el pensamiento más complejo de un populista no da para más de 140 caracteres -.
No creo que haya pillado a nadie con el paso cambiado el descubrir que piensan así, que hayan respondido evadiendo responsabilidades, diluyéndola con el “y tú más”, mintiendo, borrando el pasado digital, e intentando confundir el humor negro con el excremento fruto de la mediocridad del pensamiento único que imponen. Estos hechos contrastados también han dejado al desnudo lo que opinan sus líderes sobre llevar explosivos, amenazar a personas e instituciones, el respeto por la libertad religiosa, el Ejército o los símbolos nacionales. Toda una amalgama de declaraciones y hechos que no hacen más que confirmar que el PSOE ha aupado al poder a un buen puñado de marginales, por extremistas, políticos. La evidencia del espejo también se ha hecho notoria cuando eso de desplazarse en metro o en bici les ha durado el tiempo justo de la foto oficial. En escasamente cuatro días ya han aparcado la bici y suben al coche oficial con chófer, algo que personalmente agradezco para que no pierdan más el tiempo en el pésimo servicio de transporte público y carriles bici que tenemos y se dediquen a trabajar, que falta hace. La efectividad se ha impuesto sobre el montón de propuestas populistas que anunciaban y estas se han quedado en papel mojado en tan solo una semana. Desahucios, desalojos, comedores escolares, empleo… todo ha resultado ser luz de gas; en algo más de 100 horas de gobierno ya han quedado como promesas incapaces de cumplir. En definitiva, han entrado en el gobierno como un elefante en una cacharrería. Para desesperación de muchos y mal de España, la casta ha empeorado. Ahora ya no solo se dedica a robar, también a odiar, a mentir, a insultar y a despreciar a la nación con un sistema que los aupó al poder… quizá porque en su interior sean conscientes de eso, aunque para eso hay que tener conciencia, y comprender que no existe graduación entre el bien y el mal.





