La noche más oscura en los últimos tiempos, ha tenido negras consecuencias para miles de ceutíes. Ciudadanos, turistas, propietarios de bares, restaurantes, heladerías, comerciantes con puesto en el mercado
taxistas en carrera nocturna, asociaciones de consimudores, es decir, toda la maquinaria que compone una ciudad, afectada por un problema sempiterno, el de la pérdida de luz parcial o temporal.
“Lo que ocurre es que ésta vez ha sido la gota que colma el vaso, no puede ser que ocurra esto; desde luego estamos anclados en la década de 1950, seguimos teniendo una infraestructura construida por Franco”, dice, con una rabia que no puede disimular, Matias, a punto de subir el peldaño de acceso al Mercado Central, a primera hora de la mañana, ya con luz tanto natural como eléctrica sobre Ceuta.
Poco tiempo antes, en el propio Mercado se habían vivido momentos de tensión, de lágrimas. “Cuando he llegado, he encontrado a muchas compañeras llorando porque habían tenido que tirar parte de la comida que tenían guardada en el frigorífico”, comenta Maese, el propietario de la carnicería número 15.
Aunque él ha salvado la comida, “que está en perfecto estado”, se muestra preocupado ya que “tengo cámaras frigoríficas muy buenas pero está claro que no es bueno que del máximo de frío pasen de golpe al apagón, esto perjudica a la maquinaria”.
Siguiendo la ruta por los pasillos, se percibe cómo el apagón se ha convertido en el tema del día y en el sofocón de la semana. Mientras el compañero de la pescadería 37, se congratula “de que los pescados vengan frescos a primera hora y no tengan que dormir en cámaras frigoríficas”, María Carmen, de ‘Congelados Pérez’, en el número catorce, aún no se ha repuesto del susto que le ha tenido en velas toda la noche: “Estaba nerviosa y preocupada, deseando venir para hacer una inspección y ver si estaban los productos en buen estado, porque tal y como está la situación económica, tener que tirar alimentos hubiera sido un desastre”. Asimismo, Maria Carmen considera que “para el dineral que pagamos, deberíamos recibir un trato mejor y tener una especie de depósito de reserva, como ocurre en los hospitales”.
Aunque Pedro, el de la Tasca de la Gran Vía, puso no hace mucho tiempo “un arca frigorífica especial para estos casos porque no aguardo esperanzas en que este déficit se arregle a corto plazo”, se queja de que las ganancias ya no se pueden recuperar”. Recuerda cómo en la noche del apagón, “los clientes se fueron rápido, sin consumir lo que otras noches”.
Peor le fue a la heladería ‘Firenze’, sita en la habitualmente animosa plaza Ricardo Muñoz, solitaria y lúgubre en la noche de ayer. “Cien kilos de helados de todos los sabores, quesos, tartas, natillas, pasteles, chocolates, cremas”, enumera Mohamed, camarero del local, con un tono que mezcla resignación y cólera.
“¿Cómo es posible que suceda esto?”, se pregunta, mientras recuerda cómo comenzó a torcerse el panorama: “Nosotros mantenemos un buen ritmo de ventas durante todo el día, pero evidentemente es por la noche cuando alcanzamos el punto álgido, ya que la gente no está en la playa y sí con ganas de tomar un helado, y ayer no iba a ser menos, teníamos los veladores con muy buen ambiente hasta que, de repente se fue la luz”. “Al principio”, prosigue Mohamed, “pensamos que, como en otras ocasiones, podía ser una situación pasajera, cosa de diez minutos”.
Pero el tiempo fue transcurriendo poco a poco y la luz no se hacía: “Definitivamente, me sentí como un camarero que atendía en una época pasada, más aún cuando tuve que cobrar a los clientes de manera manual, haciendo cuentas mentales, cobrando como en los mercadillos y no pudiendo realizar mi trabajo, como lavar la vajilla, ya que no se veía absolutamente nada de nada”.
Antes de que Mohamed y sus compañeros tuvieran que dar por concluida la jornada laboral, a sus pesar, sufrieron otro inconveniente, “porque la puerta, de cierre automático, cuesta una barbaridad si se tiene que cerrar a mano, como fue el caso”.
También se tuvo que deshacer de alimentos, Fátima, una vecina de la barriada de San José, quien cuenta que “por la mañana cuendo le iba a hacer el desayuno a mi marido, abriendo la nevera, noté que había algo que no olía bien”. Provenía de un bote de leche de litro y medio “y de un kilo de gambas que había comprado el día anterior y que , como se trataba de algo tan delicado como marisco, no he querido arriesgarme”. Al momento, Fátima lanza una pregunta para la que no encuentra respuesta: “¿Quién me paga a mí esto?”
Desde hace años, recepcionista de muchas quejas, que intenta arreglar “con pasión, dedicación y responsilidad”, es Gregoria Pozos, de ACOCE, asociación orientada a atender a los consumidores ceutíes. Pozos indica que se ha reunido con la empresa de alumbrado eléctricos y que hoy lo hará con Endesa, “porque es necesario hacerles llegar que se deben poner soluciones a un problema tan importante como el de la falta de luz”.
Las quejas ciudadanas por el apagón también se han disparado en la red, a través del portal ‘Twiter’. De este modo, firmadas con nombre y apellidos, se pueden leer opiniones como “esto es una vergüenza”, escrita por Ricardo Martínez; o “apagon en total en Ceuta: ¿Dónde están las novedades”, por José Ignacio Roldán; o “‘¡vaya pasada, a ver la explicación que nos dan mañana!, opinión de Amalia Basurco.
En la misma línea de desencanto se muestra Javier, quien guarda en su cartera un boleto para el euromillón, “con ganas de hacerme rico y poder irme a un lugar moderno y no tercermundista, porque no hay derecho que la compra que hice con mi mujer el sábado haya tenido que ir directa a la basura”. Javier cuenta que su nevera es “modesta”, razón por la cual “los productos dejan de estar frescos al poco tiempo y jamás pueden soportar ocho horas sin recibir refrigeración”. Asimismo, considera que los afectados van más allá de los ceutíes, ya que los turistas que acuden a la ciudad en este mes de agosto, de temporada alta, “se llevan una imagen lamentable”.
Wilson, natural de Lima, capital de Perú, y aunque residente en Madrid, se sorprende del apagón de anoche, malestar que incrementa con otra realidad: “No sólo he estado toda la noche sin luz sino que tampoco he tenido agua, según me ha dicho el dueño de un bar que está debajo del piso en el que estoy, ésto se debe a que el inmueble tiene un depósito de agua que funciona con impulsos eléctricos”. Wilson, que halaga la belleza de la ciudad, cree que “estos inconvenientes son impropios de un país adelantado, restan interés por Ceuta y alejan claramente al turista al considerarla una zona poco desarrollada”.
A Miliasova, una rusa que está de vacaciones y que “en pocos días” irá a Sevilla, Córdoba, Granada y Málaga, tampoco le hizo mucha gracia que la oscuridad le sorpendiera mientras caminaba “sóla” por el paseo desde el que se observa la playa de ‘La Ribera’: “La imagen de oscuridad unida a coches de policías no me agrada, me trae malos recuerdos, me deja nerviosa, de ahí que me marchara a descansar a mi hotel antes de que lo deseara”.
Los coches de Policía a los que hace referencia la turista tuvieron que sortear otra dificultad añadida al tráfico: la oscuridad de focos y semáforos. Bien los saben los taxistas que tuvieron que cumplir con la carrera nocturna de anoche, como es el caso del conductor del taxi número 61: “Así es muy difícil y peligroso trabajar, tienes que estar toda la noche en máxima alerta porque además las luces de los otros coches te deslumbran mucho más que de costumbre”.
Por su parte, Abdelmalik, conductor del número catorce considera que “ya es hora de que las autoridades pongan remedio a una problemática que afecta a todos “. Una oscura realidad que se extiende de una década a otra, afectando a diversas generaciones, sin que haya visos de reparación absoluta.







