Confieso que estoy empezando este artículo dedicado a mi buen compañero y amigo José María Contijoch Casanovas, y mis ojos están empañados de lágrimas. Desde hace más de veinte años, en que en el diario La Vanguardia leyó en ‘Cartas al director’ que el que suscribe solicitaba a quienes estuvieron en la Guerra de Ifni/Sáhara documentos y fotos de aquella campaña, surgió una entrañable amistad como si de hermanos se tratase.
Por varias veces confraternizamos con una sincera amistad. Lo admiré siempre porque era un catalán serio y con las ideas muy claras. Jamás renegó de los meses que le tocó vivir en aquella guerra, lo consideró como un servicio a su Patria, y cuando algún resentido renegó de aquella contienda, los ignoró por considerarlos unos resentidos y renegados. Este era José María.
De Tarragona a los ataques a Ifni
José María Contijoch, en 1956, fue alistado en la Caja de Reclutas de Tarragona, abandonando la Universidad donde cursaba tercer año de Derecho. En el sorteo de 1957 le correspondió el destino a Ifni. Una vez en su destino, el Grupo de Policía de Ifni, le fue asignado por sus estudios al Estado Mayor del Gobierno General de Ifni.
Años después, en 2002, publicó un libro narrando las vivencias que le tocó vivir en aquellos meses de guerra, pero jamás de su boca salió rencor a lo que le tocó vivir. Él lo consideró cumplir con su deber de servicio a su Patria.
En el prólogo de dicho libro, que con todo su cariño me obsequió y dedicó, un buen amigo suyo así dice: “el mayor José M. Contijoch Casanovas, con un estilo sencillo y claro, narra sus vivencias personales de aquellos momentos, de aquellos meses le tocó vivir como soldado de reemplazo. Es también un excelente trabajo de recopilación de datos y lugares. Finalmente, nos ofrece la realidad de los valores personales que a lo largo de la historia nos han rendido los soldados españoles a lo largo de la historia”, Luis Alejandre Sintes, teniente general del Ejército de Tierra.
Así opinaba José María lo que es el Ejército: “los que al Ejército lo hacen confundiendo la disciplina y el orden de mando con el absolutismo, los cuales ignoran que en el Ejército los valores han de brillar con más intensidad que en cualquier orden o comunidad”. Y así lo vivió José María Contijoch en los meses que le tocó vivir en el Grupo de Policía de Ifni, sirviendo con prontitud todas las órdenes recibidas sin que jamás de sus labios saliesen quejas o malhumores.

Unas manchas de sangre en la hombrera
En un libro titulado Moral Militar se define con perfecta claridad lo que es el compañerismo: en el Ejército ha de brillar forzosamente con más intensidad que en cualquier otra comunidad o asociación, ya que el compañerismo consiste en que allí, en el Ejército, todos visten el mismo uniforme, reciben la misma comida, duermen bajo el mismo techo, juran la misma bandera, y comparten riesgos y fatigas. Podrán pasar años, pero al encontrarse dos soldados que compartieron juntos alegrías, riesgos y fatigas, se funden en un abrazo del que por ambas mejillas resbalan unas lágrimas.
Todo esto viene a colación por lo que José María Contijoch recuerda con satisfacción del deber cumplido. Como consecuencia del accidente de un avión Junkers del Ejército del Aire que, nada más despegar, se estrelló contra el suelo, falleciendo la tripulación y varios paracaidistas que iban a realizar un salto, el mando del Estado Mayor de Ifni solicitó voluntarios para portar los féretros. Sin pensárselo, José María Contijoch dio un paso al frente y solicitó ser uno de los que tenían que portarlos. Al finalizar la comitiva, José María Contijoch se dio cuenta de que en una hombrera tenía varias gotas de sangre; lejos de tirar dicha hombrera, la guardó como un recuerdo y homenaje a aquel compañero.

Creo que unos ocho días antes de su fallecimiento me llamó, como era su costumbre, para darme las gracias por los artículos que le envío de El Faro de Ceuta sobre la Guerra de Ifni. Tanto a él como a otros diez compañeros se los hago llegar con el envío de tres copias de los últimos artículos. Para orgullo y satisfacción de El Faro de Ceuta, José María, una vez leídos, los lleva desde hace varios años al Archivo Histórico del Monasterio de Poblet, en Montblanc (Tarragona). La directora de dicho archivo le manifestó a José María que los ejemplares de El Faro de Ceuta sobre la Guerra de Ifni son los más visitados de toda España por historiadores, periodistas o abogados que tratan de obtener datos para trabajos de historia.
Además, debo hacer constar que al que suscribe, por varias veces y distintas personas, tanto militares como civiles, me han solicitado los artículos de El Faro de Ceuta para tesis doctorales, por lo que es un orgullo no solo para mí, sino especialmente para El Faro de Ceuta y para toda esa magnífica plantilla de profesionales a los cuales debo una inmensa gratitud.
Antonio Herrero Andreu






