En nuestra edición de ayer publicamos que la UCI tradicional o estructural como la denominan los sanitarios resultaba que estaba casi al 90%. Cuando todavía no estaba ni caliente nuestra edición en papel resultaba que esas cifras ya habían quedado pasadas de moda. La UCI tradicional o estructural ya se encontraba al 100%. Se ha llegado al tope y ahora a quien le toca mover ficha es al propio Instituto Nacional de Gestión Sanitaria. Reanimación se ha dejado, de momento, para los pacientes que no son COVID. Los próximos días marcarán lo que sucederá con la UCI y resulta que nos encontramos no en el momento peor de esta segunda fase porque a buen seguro, bien en octubre o noviembre, la cifra será peor y nos pilla con estos mimbres.
El Ingesa no se ha caracterizado, a lo largo de estos meses de la pandemia, por una transparencia absoluta, sino más bien todo lo contrario. Se ha intentado, en muchas ocasiones, decir medias verdades que son las peores de las mentiras. Se tardó mucho tiempo en conocer la existencia de pruebas PCR en nuestra ciudad, no había ni datos de cuántas tenían ni, en ocasiones, cuántas pruebas se hacían.
Ahora el problema se ha producido con la UCI. Con lo fácil que sería dar una rueda de prensa y explicar con gráficos cómo se ha producido la división y la utilización de espacios como la UVI tradicional, Reanimación, Cirugía Mayor Ambulatoria o los propios quirófanos... También se ha hablado de que no se suspenderán las operaciones y eso se demuestra con datos concretos. Pero no lo hacen. Lo que no tiene salida es el número de intensivistas que vamos a tener dentro de unas semanas como no puedan contratar a más de urgencia. Todo esto debe ser aclarado, pero en vez de comparecer y permitir libertad de preguntas, callan.






