La escritora Tula Fernández presentó su tercer libro, “Cinco cartas portuguesas”, en la Residencia de Mayores Gerón de Ceuta.
Era una presentación muy esperada, ya que Tula había presentado anteriormente su segundo libro, “La inocencia de los sublimes”, también en Gerón. Aquella presentación fue todo un éxito: los mayores y asistentes disfrutaron enormemente y, durante días, se siguió hablando tanto del libro como del magnífico rato compartido con la autora.
La presentación de este tercer libro, “Cinco cartas portuguesas”, si cabe, ha superado a la anterior. Fue un auténtico espectáculo cultural, coloquial y humano. Tula estuvo magnífica, respondiendo a las preguntas de los residentes con cercanía y sensibilidad. Hubo momentos de gran emoción, en los que los mayores compartieron historias de sus propias vidas que enlazaban con el trasfondo del libro.
Hay que decir que se trata de una novela de alto nivel. Tula la presentó de forma muy amena, hablando de algunos de sus personajes principales, pero —como es lógico— dejándonos con la intriga de esa gran historia de amor que se desarrolla en sus páginas.
Es un libro, por cierto, con bastantes páginas, pero que se lee con facilidad y resulta muy entretenido. Lo recomiendo a todas aquellas personas a las que les guste leer novelas; seguro que les encantará.
Por otra parte, hay que destacar la excelente preparación del acto por parte del equipo de psicólogos de la Residencia Gerón, Juan Antonio y Laura. Se lo trabajaron a conciencia, y a la escritora le encantó. Realizaron un trabajo inmejorable: un escenario precioso, con grandes carteles de los tres libros de Tula —“La boca de los cien besos”, “La inocencia de los sublimes” y “Cinco cartas portuguesas”—, y una conducción del acto sobresaliente. La forma en la que el psicólogo Juan Antonio fue preguntando a Tula sobre distintos temas del libro, que se había leído previamente, fue impresionante. En definitiva, tanto Laura como Juan Antonio lo hicieron genial.
El buen hacer de Tula y del equipo de psicólogos fue clave para que todos los allí presentes estuviéramos atentos y con muchas ganas de participar. Prácticamente todos hicimos preguntas.
Lo mejor de todo fue ver la cara de satisfacción de los mayores disfrutando del encuentro; resultó difícil darlo por terminado.
Una de las preguntas más personales que le hicieron a Tula fue cuándo volvería, a lo que respondió sin dudar que cada vez que la invitaran. Tula mostró una gran sensibilidad y empatía con los mayores; la conexión fue total.
Quiero resaltar también la implicación de Pedro, el director de la Residencia Gerón, siempre atento y encantado con que este tipo de actos culturales se lleven a cabo en el centro, lo que explica la gran cantidad de actividades que se realizan a diario. No puedo olvidar tampoco a las supervisoras, auxiliares de clínica, personal de limpieza y a todo el equipo humano que trabaja de manera ejemplar para que todo funcione lo mejor posible.
Como me comentó Juan Antonio, tanto él como Laura apostaron firmemente por acercar la cultura a la Residencia Gerón, y puedo dar fe de que lo están consiguiendo, y con creces.
Por último, dar las gracias a Tula y a todo el personal de Gerón por hacer posible que la cultura aporte tanto bienestar a los residentes.






