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TU ES PETRUS

Por Redacción
04/05/2015 - 17:54

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Hoy, 5 de mayo se cumplirán 300 años de la colocación solemne de la primera piedra del templo que hoy conocemos como Nuestra Señora de los Remedios. Sin embargo en aquella ceremonia se proclamó a San Pedro como titular de la futura iglesia que nacía atendiendo el ruego de los moradores de la Almina y gracias al celo del Obispo Velunza, que tenía pensado construir la nueva Catedral de Ceuta en aquella zona, entonces la más poblada y segura de la ciudad. La falta de caudales redujo aquella Catedral que anhelaba don Sancho a simple ayuda de parroquia, pero lo cierto es que durante un largo periodo de tiempo fue el templo más importante de la ciudad.

La poderosa Hermandad de los Remedios y sus discordias obligaron al Obispo a tomar la decisión de entronizar a su Virgen titular como patrona principal de la nueva iglesia y la advocación de San Pedro quedó como una anécdota histórica en su génesis; aunque nos encanta interpretar como un autentico “guiño” del Cielo el que la primera piedra se ligara por siempre al apóstol Pedro: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”... y así fue exactamente en la Almina: nuestra querida iglesia se edificó sobre la piedra de Pedro, aunque la Divina Providencia parece que le tenía reservado ese dulcísimo nombre que nos cautiva y que identifica toda una zona de la ciudad: los Remedios.
Unas circunstancias históricas muy especiales fueron clave en la génesis de la Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios. Desde 1694 a 1727 el sultán Muley Ismaíl impone cerco a Ceuta, conocido como el sitio de los treinta y tres años, siendo uno de los asedios más largos de la historia.
La población civil se había desplazado al este del foso seco, a la zona llamada Almina, un terreno seguro que no estaba a tiro de las bombas que el ejercito sitiador lanzaba sobre la ciudad. De esta forma se convirtió en el área más poblada de Ceuta y sus habitantes clamaron por un nuevo templo para su asistencia espiritual. Así nos lo relata el canónigo de la Catedral don Salvador Ros Calaf en su “Historia eclesiástica y civil de la célebre ciudad de Ceuta” escrita en 1912: “A 25 de mayo de 1712 estando la Sede episcopal vacante por haber sido promovido a la Metropolitana de Lima en el Perú S. Sría. Ilma. D. Antonio Selvaga, los moradores de la Almina presentaron un memorial al Ilmo. Cabildo pidiendo que se construyera allí una iglesia ayuda de Parroquia.
Favorablemente acogida la súplica por las razones canónicas en que se apoyaba, el Ilmo. Cabildo procedió a la compra del terreno necesario para edificarla. (...)
Teniendo ya todo el terreno necesario el Sr. Obispo Velunza puso la primera piedra de la iglesia el día 5 de mayo”
Según esto desde que los vecinos de la Almina cursan la petición al Cabildo Catedral de Ceuta y el Obispo Velunza pone la primera piedra del templo transcurren tres años. El historiador Alejandro Correa da Franca (s. XVIII) en su “Historia de la Muy Noble y Fidelísima Ciudad de Ceuta” resalta con sus palabras el estado de precariedad con el que los ceutíes de aquel tiempo vivían su espiritualidad al estar la Catedral ruinosa y sus obras paradas a causa del sitio, las iglesias de los Trinitarios y la Misericordia inhabilitadas para el culto, Santa Cruz (hoy San Francisco) sin terminar de construirse y las ermitas de África y el Valle se habían quedado pequeñas ante la situación: “Al mismo tiempo que los Seglares en competencia machinaban desolaciones, sin que el Señor Obispo Dn. Sancho de Belunza fuese bastante a repararlas; este celoso Prelado premeditaba erigir en la Almina su Iglesia Cathedral para que sin riesgo con más sosiego y pausa se diesen a Dios los devotos agradables cultos, y no hubiese Prevendado, ni otro Ministro alguno motibo ni escusa para omitir la precisa residencia; esta Santa idea encontró mal fundada repugnancia: es cierto que havitando en la Almina, como havitaban los Señores Obispos y Generales, cuasi todos los Prebendados, Oficiales y Vecindario, la Cathedral sería devotamente servida y frecuentada, lo que no sucede en la antigua por tener en su circumferencia mui pocos, o, raros vecinos, y los demás quedarle a ella demasiadamente separados: Falto de caudales su Ilustrísima emprendió Iglesia para ayuda de Parroquia a que contribuió con toda su eficacia, sentándole la primera piedra en 7 de Maio de 1715 y prosiguió hasta los últimos meses del siguiente año, en que fue promovido al obispado de Coria, y de allí la ornamentó en quanto pudo, y alcanzó su facultad.”
Así que el Obispo Velunza, que puso la primera piedra del templo, se entregó a este proyecto por considerarlo muy necesario para la salud espiritual de Ceuta, tanto es así que a pesar de haber sido preconizado a la Diócesis de Coria, continuó favoreciendo a su querida iglesia de la Almina. Don Sancho abandona Ceuta rumbo a su nuevo destino el mismo año en que se bendice la iglesia, ya bajo el título de Nuestra Señora de los Remedios.
Pero ¿qué razones motivaron este cambio de nombre?... pues fueron precisamente los cofrades social, parece ser que eran algo “valentones”. Se enfrentaron a la comunidad de frailes Trinitarios a causa de la propiedad de la imagen de Ntra. Sra. de los Remedios y ganaron el pleito (a nuestro parecer injustamente). La forma en que sacaron a la Virgen de la iglesia conventual, según nos narra en 1721 fray Cristóbal de San Felipe en su Protocolo del Real Colegio, nos habla claramente de las maneras que gastaban: “...entraron violentamente y se llevaron la imagen...”
Trasladaron a su titular a la ermita de Ntra. Sra. de África, donde permaneció desde 1711 hasta su llegada al nuevo templo de la Almina en 1716. Un total de cinco años en los que a sus levantiscos cofrades lesdio tiempo más que suficiente a causar problemas.
De nuevo es Ros Calaf quien nos aclara el asunto del cambio de titularidad de la nueva iglesia de la Almina: “El no conservarse su primera advocación obedece a las discordias que sobrevinieron entre los cofrades de Ntra. Sra. de los Remedios, discordias que el Sr. Obispo cortó disponiendo que la imagen de la misma fuese trasladada del Santuario de África donde entonces se veneraba a la nueva iglesia, se colocara en lugar principal del retablo del altar mayor como patrona y titular de la misma. Y para que S. Pedro no perdiera del todo su prerrogativa, mandó que en la misma iglesia se le dedicase un altar preferente, como así se hizo.”
No creo que, en el fondo, nos equivoquemos cuando en el himno a la Virgen de los Remedios cantamos: “Dios te Salve, Madre que en la Almina pusiste tu Altar...” porque en este caso pensamos que Dios escribió recto en los renglones torcidos de unos cofrades bravucones del siglo XVIII, y así la Celestial Remediadora pudo plantar su trono en la calle Real de la Almina.
El colofón de esta historia es que a San Pedro le conceden, en la que iba a ser su iglesia, un premio de consolación gracias a la sensibilidad del Obispo Velunza y también, por qué no decirlo, a que la Venerable Hermandad de San Pedro Apóstol, fundada en 1712, estaba formada por los Sacerdotes de la Plaza que, como es lógico, debían obediencia a suObispo. Así que nadie se quejó y nuestro San Pedro le cedió (estamos seguros que muy gustosamente) el lugar de honor a la Santísima Virgen que, desde entonces, es Reina y Madre de la Almina de Ceuta.
Ese altar preferente que el Obispo don Sancho pidió para San Pedro no se instaló hasta 1718, dos años después de la bendición del templo. Se situaba a la derecha del presbiterio, justo donde actualmente se abre la puerta de la sacristía. Lo costeó la Hermandad Sacerdotal de San Pedro junto con la imagen del Santo, lo que ascendió a 4.749 reales. Es muy sencillo con dos columnas salomónicas flanqueando la hornacina principal en cuya base se abre una más pequeña, que en origen pudo ser sagrario, y en la que se exponía un maravilloso grupo de marfil y carey representando a Cristo Crucificado con la Magdalena arrodillada a sus pies (hoy en el Museo Catedralicio). El segundo cuerpo, flanqueado por dos alerones calados muy vistosos y sendas columnillas salomónicas, sirve de marco al precioso y devocional óleo sobre lienzo de María Santísima de la Salud en el cual se representa a la Virgen abrazando con ternura al Niño Jesús mientras San Juanito lo señala como Cordero de Dios, bajo la protección del Espíritu Santo reproducido en su habitual forma de paloma.
Corona el conjunto un resplandor de tipo sol que brota de una corona de nubes dejando un espacio liso en el centro. La cornisa superior se remata en sus extremos por dos jarras decorativas.
A finales del siglo XVIII, cerca de ochenta años después de su estreno, la Hermandad Sacerdotal costeó su restauración y dorado. Según intuimos en antiguas fotografías parece que estaba pintado de blanco o de un color muy claro, con ligeros golpes de oro. Actualmente se conserva en la Catedral, donde fue trasladado en 1956 a petición del Deán Navarro Acuña y con el permiso del entonces párroco de los Remedios, Padre Muñoz de Arenillas, que tenía gran interés en deshacerse del mismo para abrir en su lugar una puerta.
En el proceso de montaje en su nueva ubicación sufrió algunas modificaciones y tuvo que ser pintado y dorado de nuevo, labor que realizó el dorador sevillano Manuel Peralta Sánchez por un importe de 14.500 pesetas. Se pintó en color verde claro.
Pese a todas las alteraciones a que fue sometido tuvo, desde luego, mejor suerte que el resto de los retablos laterales de la parroquia, que fueron destruidos sin contemplaciones.
De la imagen de San Pedro solo sabemos que fue realizada alrededor de 1718 y que fue costeada por la Hermandad Sacerdotal de su título. Cómo tantas obras de nuestro patrimonio religioso no ha sido suficientemente estudiada. Se trata de una talla de tamaño académico (menor que el natural) realiza da en madera policromada y estofada en oro. Los ojos son de pasta vítrea o de cascarilla de cristal.
Aunque es obra plenamente barroca, su actitud es muy contenida, así como los pliegues de la túnica y la capa; su aspecto hierático convierten su figura casi en una simple “percha” donde “colgar” los atributos parlantes para que los fieles lo reconocieran al primer golpe de vista: las llaves del Cielo y de la tierra, un libro cerrado de considerable tamaño (que puede hacer alusión a las Cartas Católicas) y el prototipo físico de su cabeza ajustándose a la idea que se había fijado a fuego en el imaginario colectivo: anciano, calvo pero con pelo muy corto y cano en las sienes, barba igualmente canosa y no muy larga, y aspecto algo rudo manifestado en la estructura cuadrada del rostro.
Su rígida postura, con la mano derecha levantada para mostrar ostensiblemente las llaves, y la izquierda sosteniendo con tensión el voluminoso libro, se suaviza algo con la tímida actitud itinerante que adelanta el pie izquierdo, calzado con sandalia; pero la verticalidad pesa tanto en el conjunto que vemos claramente que se trata de un icono que no pretendía retratar con naturalidad al Apóstol, sino evocar a los fieles su papel en la historia de la Iglesia a través de una estática presencia y unos atributos iconográficos cuyo significado, por cierto, el pueblo simplificaba: las llaves por su condición de portero del Cielo y el libro es, ni más ni menos, un registro de entradas, es decir un listado de las almas salvadas.
Pese a todo es una imagen realizada por un escultor de buen oficio, como se demuestra en el acertado y expresivo modelado de la cabeza y los pliegues de los paños, resueltos con efectividad y soltura. Mención aparte merece la brillante policromía con decoración rococó de cierto aire levantino.
La capa es blanquecina y simula ser una rica tela de espolín con las vueltas forradas en rojo intenso (tal vez en alusión a su martirio) se remata por un ancho festón dorado con decoración en zig zag y hojas estilizadas de tres puntas grabadas a buril; su decoración se resuelve con grandes rocallas doradas cuyo interior está rayado en forma de red, naciendo de las mismas ramilletes de hojas y flores con predominio del color azul y muy pocas en rojo; el resultado es muy plástico y elegante. En cuanto a la túnica, de decoración menos espectacular aunque tal vez más costosa por su gasto de oro, reproduce un paño brocado sobre fondo azul muy vivo que repite hojas y flores de forma ordenada. Los pétalos se iluminan con tonos rojizos. Todo el fondo ha sido rayado, sacando a la luz el oro base, que le proporciona un riquísimo y brillante efecto.
Basándonos en su estética, muy marcada por la silueta en forma de huso, siempre hemos pensado que la imagen de San Pedro pudo tener origen malagueño, como tantas otras que se conservan en nuestra ciudad; suposición que, por supuesto, debe tomarse con las debidas reservas.
La Hermandad Sacerdotal estaba compuesta exclusivamente por ordenados in Sacris y contemplaba la celebración de sufragios por los hermanos fallecidos y ayuda económica a los enfermos. Por sus especiales características fue la única cofradía de Ceuta reconocida oficialmente por el Estado tras el decreto de Espartero (1841); y hasta la década de 1940 se mantuvo activa, celebrándose anualmente y en fecha cercana al 29 de junio, festividad del Apóstol, Junta General de Hermanos en la que se renovaban los cargos y se preparaban los cultos que se dedicarían a su titular en la iglesia de los Remedios. A partir de 1946 comenzó el declive que la llevaría a la extinción.
Tal vez este año, con motivo del III Centenario de la colocación de la primera piedra de la iglesia delos Remedios bajo la protección de San Pedro, la imagen del Apóstol haga una visita a la parroquia que durante más de dos siglos fue su casa y de la que, de algún modo, es cimiento.

BIBLIOGRAFÍA
CORREA DA FRANCA, Alejandro. “Historia de Ceuta” Edición del manuscrito original del siglo XVIII. Ciudad Autónoma de Ceuta. Ceuta, 1999.
GÓMEZ BARCELÓ, José Luis. “Nuestra Señora de los Remedios de Ceuta. Datos para el estudio de su devoción, imágenes y templo”. Actas del Congreso Nacional sobre la advocación de Ntra. Sra. de los Remedios. Córdoba, 1995.
NAVARRO ACUÑA, Rafael. “Memorias de un Deán”. Ciudad Autónoma de Ceuta, Archivo General. Ceuta, 2010.
ROS Y CALAF, Salvador. “Historia eclesiástica y civil de la célebre ciudad de Ceuta”. Copia manuscrita. 1912.
SEVILLA SEGOVIA, Alejandro. “Hermandades y Cofradías de Ceuta, aproximación a su historia”. Consejo de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Ceuta. Ceuta, 2007.

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