Punto y final a las fiestas de Carnaval. Punto y final con el acto estrella que es, sin duda, la Cabalgata. Porque en este evento el protagonismo lo tienen los ceutíes, lo tiene la calle, lo tiene el espíritu de la gente por disfrutar y contagiar de esa alegría a todo aquel que asistía, como espectador, a esta gran fiesta. Ayer, de nuevo, volvió a triunfar la calle, el buen ambiente y el auténtico carnaval. Quizá se notó menos participación que en otros años, pero la implicación de todos los que hicieron posible la cabalgata se hizo notar como siempre. Y eso es algo que hay que agradecer, principalmente, a quienes hacen posible que salgan las carrozas, a quienes desde hace semanas preparan sus disfraces de manera artesanal, a quienes permiten que algo tan sencillo brille lo máximo. El pueblo de Ceuta volvió a convertir este último acto de las fiestas carnavalescas en el más importante de todos, en el que gusta a todos los ceutíes sin excepción, sin crear polémicas, contagiando a todos el espíritu de una alegría compartida que es de todos, porque la fiesta del Carnaval no entiende ni de religiones ni de clases sociales. Brilló, como siempre, el ingenio de los participantes, viéndose desde los trajes más clásicos hasta los innovadores, los más preparados e ingeniosos, los más trabajados o los improvisados. El triunfo de la calle, el triunfo de la alegría de la gente es el que debe prevalecer y el que nunca, pase lo que pase, debe perderse.






