Escribo estas líneas con tristeza, indignación y una profunda sensación de abandono institucional.
Menúa era una gata de colonia. Se llamaba así porque nació muy pequeña. No era “una callejera más”: era conocida, cuidada y querida por las personas que, de forma voluntaria y constante, se ocupan de las colonias felinas de nuestra ciudad. Como tantos otros animales, su vida dependía del compromiso ciudadano… y su muerte, del correcto funcionamiento de los servicios públicos.
A las 09:30 de la mañana, tras fallecer Menúa, dimos aviso al 112 para que, con toda la pena del mundo, se notificara a la empresa contratada para la recogida de animales fallecidos en la vía pública. Se facilitó toda la información necesaria: la ubicación exacta del cuerpo, perfectamente visible y señalizada, introducido en una bolsa de color rojo para evitar riesgos sanitarios y facilitar su retirada.
A las 12:30, tres horas después del aviso, el cuerpo de Menúa seguía exactamente en el mismo lugar.
Tres horas de espera para un servicio que debería ser inmediato. Tres horas de exposición innecesaria. Tres horas de falta de respeto no solo hacia un animal que formaba parte de una colonia controlada, sino hacia las personas que lo cuidaban y hacia el propio espacio público.
Este no es un hecho aislado. Es el reflejo de un sistema que trata la gestión de los animales fallecidos como un trámite menor, olvidando que detrás hay vidas, vínculos y una responsabilidad pública clara en materia de salubridad, bienestar animal y dignidad.
Cuando un servicio esencial falla de esta manera, no solo se incumple un contrato: se transmite un mensaje devastador de indiferencia. Y esa indiferencia también duele.
Ojalá esta carta sirva para que quienes tienen la responsabilidad de gestionar estos servicios recuerden que no hablamos de “incidencias”, sino de seres vivos que importan y de ciudadanos que merecen respuestas, no silencios.
Menúa merecía algo mejor. Y quienes la quisieron, también.







Esta gente son carroña, no les importan los animales, los tratan como basura, a la vista está. Enchufaos metidos a dedo, que no hacen su trabajo con dignidad ni vergüenza, ni con la rapidez que se supone que deberían tener para retirar los cuerpos de estos pobres animales. Y así todo... Después que bien se ponen con el tema de las Leyes que se suponen que deberían proteger a los animales, y hacen lo que les sale de las narices, los primeros los iluminados que mandan la ciudad y que deberían de proteger que se cumplieran dichas leyes.
El día 31 de diciembre, sobre las 18:00 horas, se avisó, a través del 112, de que el cuerpo de un delfín muerto, se encontraba en la playa sita en frente del Polideportivo Díaz Flor. el día 1 del presente, día 2 y así hasta el 4, el cuerpo del animal , seguía allí, sin ser recogido. El 5 entró temporal y con la subida de la marea, nunca más se supo. Para que se paga un sueldo a un atajo de vagos que no están por hacer su trabajo?