Corría el 31 de enero de 2000 y ese año el Premio Convivencia Ciudad Autónoma de Ceuta caía en manos de Vicente Ferrer. En su honor y para recordar la fecha se plantó un olivo que hasta hace unos días ha permanecido más de diez años junto el Centro Gallego, en la zona de la plaza de Santiago y desde esta semana lo hace en los Jardines de la Argentina, debido a las últimas remodelaciones que ha sufrido la zona.
Junto al olivo también se trasladará la placa conmemorativa del acto y que dice: “Como símbolo al espíritu de convivencia que reina entre las distintas culturas que integran esta ciudad milenaria fue plantado este olivo, árbol de paz, el día 31 de enero de 2000”.
En la segunda edición del galardón –que tiene carácter internacional– se valoró a Vicente Ferrer “por su labor humanitaria en los últimos treinta años luchando contra la ignorancia, la enfermedad, la desunión, la miseria y la pobreza en la tierra”.
En su breve discurso de agradecimiento Vicente Ferrer recordó que en la India queda mucho por hacer, afirmando haber encontrado la fórmula mágica para solucionar la pobreza de muchos pueblos: la solidaridad. Indicó asimismo que la ayuda a los demás es la labor que realmente prestigia a las personas. “No podemos perder nunca la esperanza de que la ayuda, la colaboración que prestamos a los que no tienen nada, no caiga en el vacío. No es así y ese trabajo desinteresado es el primer paso para vencer la pobreza absoluta”. Estas palabras fueron corroboradas con unos pocos datos que dan muestra de su labor. “Estamos trabajando en más de mil pueblos y tenemos una relación muy íntima con ellos”.
En 1969 fundó una organización junto a su esposa y aunque desde el principio de su labor despertó grandes simpatías entre los campesinos indios, no fue así entre las clases dirigentes, económicas y políticas, que veían en su labor una amenaza. Sin embargo pudo seguir adelante con sus proyectos gracias al apoyo de Indira Gandhi, que siempre reconoció su labor.
Desde 1996 la Fundación Vicente Ferrer se centra en los ‘outcast’ (descastados) y en las aldeas tribales del distrito indio de Anantapur, al que dedicó más de 40 años de su vida. Su trabajo de canalización y gestión rindió fruto: tres hospitales generales, uno de VIH, un centro de control natal, 14 clínicas rurales, 1.696 escuelas, unas 30.000 viviendas y unos 2,7 millones de árboles plantados, entre los proyectos más representativos.
Comprometido con el desarrollo
Un equipo de más de 1.800 personas (de las cuales el 99% son de Anantapur) se encarga de ejecutar el programa de desarrollo que la organización lleva a cabo –el más innovador en la historia de la India- y que cubre 2.313 pueblos y beneficia a más de 2 millones y medio de personas.
La Fundación Vicente Ferrer abre su primera oficina en España en 1996 para garantizar unos ingresos estables y dar continuidad a los proyectos en la India. Además, desde nuestro país la organización trabaja de forma comprometida para sensibilizar y concienciar a la población sobre la necesidad de seguir avanzando en el desarrollo de Anantapur y de las zonas más pobres de Andhra Pradesh.
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