Casi cinco años después de que el Consejo de Ministros acordase dar luz verde con urgencia a la construcción de un Centro Integrado en el Brull, en el solar que la Ciudad compró a Defensa por 10 millones para hacer viviendas y posteriormente cedió gratis al Ministerio de Educación, no se ha movido ni un ladrillo.
Desde que se elaboró el proyecto del inmueble todo han sido problemas para el que sería el primer centro educativo construido desde cero en la ciudad tras el IES Clara Campoamor. Los responsables institucionales no se han cansado de dar fechas, pero todas han resultado un fiasco.
Primero la Administración General del Estado dio preferencia al nuevo Colegio Español de Rabat. Después el concurso para adjudicar las obras sin actualizar su presupuesto a las tarifas postpandémicas quedó desierto. Más tarde se encargó a Tragsa valorar en cuánto tendría que incrementarse su coste para despertar el interés de licitadoras o ejecutarlas directamente... Entretanto, el proyecto sigue en un limbo sin horizonte concreto pese a estar incluido en el Plan Integral de Desarrollo Socioeconómico de la ciudad con el segundo presupuesto más alto tras el de la ‘Ciudad de la FP’, de la que nada ha vuelto a saberse tampoco.
La Delegación del Gobierno y el MEFP deben ser claros con sus planes para ambas infraestructuras (como con tantas otras) y no alimentar falsas expectativas. Si la inversión ya no se considera necesaria por la evolución demográfica local (la masificación de las aulas se ha aminorado en los niveles más bajos, pero todavía persistirá muchos años en Primaria y los institutos) debe explicitarse por qué y, si no, dar cuenta de las razones que demoran ‘sine die’ la visualización de avances reales.






