Al final no se aguanta. Los trajes se agotan, las caretas se pierden, uno no puede estar a todas y con todos. En la vida hay que elegir, posicionarse, ser claro y mantener un ideario a costa de que te zurren, de tener amigos y enemigos. Ese es el juego de una vida cada vez más complicada. Después de esto lo único que tenemos claro, lo único sobre lo que no hay dudas ni diferencias, es que todos terminaremos de la misma forma. Ahí sí que no hay truco que valga. Lo que diferencia a unos de otros es la forma que seguimos para llevar ese camino.
Hay quienes deciden vivir una única vida, más o menos torcida, pero una. Otros en cambio se colocan el traje adecuado según las conveniencias para presentarse en sociedad alimentando un ciclo vital con tantas caras y presentaciones como el oportunismo ofrezca. De esos en este pueblo tenemos varios: los que de cara a la galería estilan una forma de vida mientras que en la intimidad ejercen todo lo contrario. Son los artífices del más puro engaño a ellos mismos, habiendo convertido ese tipo de vida en un arte, en una práctica permanente.
No se puede estar con los pobres en la calle mientras en la intimidad uno vive de alimentar su ego, su cartera, su futuro y sus ambiciones. No se puede estar con el necesitado, no se puede empatizar con los problemas de los demás, si en la intimidad uno tiene como único fin alimentar su propio proyecto.
Descanse en paz para siempre la transparencia, descansen en paz para siempre los valores que nunca volverán para transformar este tipo de mundo en otro.
Los extremos, esos periodos vitales marcados por el sarpullido social, son los que ayudan a que cada uno se presente en sociedad tal cual es.
Ceuta arrastra temporales en mar y tierra. Los que ya llevamos años aquí sabemos que los ciclos se pisan unos a otros y las crispaciones terminan por buscar huecos donde pueden. Son esos periodos en los que parece que todo se tuerce amenazando con la oportuna explosión cuando uno no solo demuestra quien es sino lo que es capaz de hacer.
El traje para presentarse en sociedad lo elige cada uno. Solo hay una forma de no equivocarse, ser siempre tú mismo, con tus errores y aciertos. No vende, no gusta, pero es la única alternativa para vivir con dignidad hasta el final.
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