En un abrir y cerrar de ojos se ha cumplido un año de aquella tragedia que no puede repetirse. Toda España vivió un momento muy emotivo durante el funeral de Estado por las 237 personas fallecidas como consecuencia de la DANA.
El Museo de las Ciencias de València fue el lugar escogido para un homenaje que estuvo presidido por los reyes y que contó con la asistencia de las máximas autoridades estatales que expresaron su respeto a los familiares directos de todos aquellos que perdieron la vida tras un trágico evento cuyas consecuencias fueron desoladoras y con unas secuelas que serán difíciles de superar.
Un solemne acto conmemorativo que invita a la reflexión sobre la necesidad de depurar responsabilidades.
También de hacer los correctivos necesarios para que lo acontecido en esas terribles horas no vuelva a ocurrir, dejando a su paso familias devastadas no solo por las pérdidas materiales, sino por algo que resulta irreparable: la ausencia de sus seres queridos.
La interrogante a contestar ahora con las obligaciones que eso obliga es: ¿qué debemos hacer para que la historia no se repita? Y los responsables de ofrecer esa respuesta deben garantizar que cuando haya riesgos de esta naturaleza, la población se sienta segura y con la certeza de que su resguardo es prioridad.






