España y Marruecos llevan tiempo trabajando en normalizar las relaciones entre ambos países precisamente para reactivar los canales de comunicación que son determinantes para que a uno y otro lado de la frontera todo funcione mejor. En ese grueso de asuntos figura la aduana comercial cuya apertura es “inminente” según la propia Delegación del Gobierno.
Paso a paso se ha ido perfilando qué hacer para conseguir no solo un tránsito de personas normalizado sino también la recuperación de un comercio alejado de las imágenes tremendistas de hombres y mujeres deformados por los bultos que cargaban a sus espaldas o arrastrando carros empujados por las avalanchas.
Alejado de la presión y de las absurdas críticas de los que dicen querer mucho a Ceuta pero no hacen sino pisotearla, la Delegación del Gobierno trabaja coordinada con la Ciudad por colaborar en todo lo posible en la normalización de relaciones a nivel doméstico. Madrid está haciendo por su parte un excelente trabajo recuperando las buenas relaciones que, quebradas, no traen más que malas consecuencias para ambos países.
Esta es la línea para aspirar a tener una frontera como se merece. Un paso en el que se puede cruzar con toda normalidad, sin caos, sin daños a la integridad física y, sobre todo, respetando los derechos humanos.
2023 es el año en el que no solo se pondrá en marcha la aduana comercial sino que también se activará una frontera inteligente que permitirá mejoras para todos, sobre todo para el trabajo de la Policía. Este es el camino.






