Después de unos inolvidables días en León tocaba ir al sur, tras desayunar unos tacos en un puesto tomé el autobús que en un largo y pesado viaje me llevaba a la fría Toluca. Llegué de noche, estaba diluviando, un taxi me llevó a las afueras de la pequeña ciudad, donde tenía reservada una habitación de un particular que las rentaba por días. El trayecto de unos centenares de metros hasta la habitación fue suficiente para llegar hecho una sopa. Los siguientes dos días no cesó de llover, con ganas, como si el cielo se hubiese abierto y dejara caer lo que no llovía en otros estados del país. Ir a comer se convertía en una fría ducha que obligaba a cambio de ropa cada vez que salía. No me molesta la lluvia, al contrario me encanta y la disfruto pero el único inconveniente es el tráfico, largas horas en colas y ver una Toluca gris y sin apenas vida que, dos días después, descubrí que distaba mucho de la realidad.
Al tercer dia amaneció soleado y sin una sola nube, un Sol primaveral que invita a salir y vivir la ciudad desde una nueva perspectiva. No lo pensé y un autobús me dejó en el centro. La ventaja de conocer una ciudad pequeña es que puedes pasear entre sus calles descubriendo lo que te ofrece a tu ritmo y como tenía una semana antes de mi siguiente destino me dediqué a hacerlo así, dejé que mi intuición guiara mis pasos. De esta forma descubrí la catedral de Toluca, aunque sus cúpulas asomaban en la distancia y sería imposible no dar con ella, frente a ella está la plaza de los Mártires, un lugar perfecto que aproveché para tomar el Sol, dos días de fuertes lluvias son suficientes incluso si te gustan los días grises. Aunque según me dijo un lugareño la lluvia había comenzado días antes de que yo llegase. Los muros laterales de la catedral están rodeados de soportales donde hay puestos de comida, chocolate caliente, atole, etc. y hace que la catedral no se note a simple vista.
Las calles de Toluca ahora están llenas de vida, la gente pasea, compra, se hacen fotografías junto a unos grandes muñecos que ellos llaman alfeñiques. Las plazas están siendo adornadas de flores, alfeñiques y banderolas que señalan como octubre un mes festivo que da paso al dia de muertos, tan celebrado y vivido aquí en México.
Cuesta andar por las abarrotadas calles, los coches y autobuses avanzan lentamente entre el gentío. Decido darme un respiro y poco a poco voy alejándome de las calles centrales donde está toda la algarabía, me voy alejando de la catedral y tras pasar el palacio de gobierno y subir una calle encuentro el museo taller Nishizawa, un pequeño museo de tres plantas dedicado a la obra y vida de Luis Nishizawa Flores, un pintor mexicano de ascendencia japonesa que vivió en Toluca. En sus obras se mezcla la influencia de trazos nipones con el dia a dia de la vida mexicana en los campos. Una armadura samurái perteneciente a su familia junto a pequeños detalles japoneses también se exponen en el museo, lo mejor de ambos mundos y, por un momento, me hizo sentir nostalgia, una parte de mí quedó para siempre en Japón, aunque lo achaco a la tranquilidad que respiro allí, en realidad no sé la razón de mi apego por la tierra del Sol Naciente.
El Parque Metropolitano Bicentenario, al sur de la ciudad es un parque donde pasar las horas leyendo en el césped o pasear descalzo alrededor de su lago artificial dejándote nutrir de vitamina D, sentir la tierra bajo tus pies sin pensar en nada, solo sentir la profunda sensación de paz y conexión que llega desde la planta de tus pies, respirar profundo y exhalar la superflua mochila con la que a veces cargamos. No siendo nada somos Todo, esa certeza que olvidamos desde niño a medida que nos sumergimos en la sociedad.
No podía irme de la ciudad sin visitar antes el Cosmovitral Jardín Botánico, donde se encuentra el Cosmovitral más grande del mundo. Formando parte de un precioso jardín botánico donde habitan peces de colores y tortugas en simbiosis con nenúfares que parecen sacado de un cuento de hadas, se encuentra en su techo y rodeando el recinto el Cosmovitral no religioso con temática sobre la dualidad cósmica, el Universo y la humanidad. La luz atraviesa los vitrales y llena el recinto de diferentes y suaves tonalidades que logran un efecto calmante en mí, pospongo la salida hasta que el Sol empieza a esconderse.
No tenia expectativa de Toluca, en realidad iba a ser una ciudad puente antes de mi siguiente aventura pero fue enriquecedor, en todos los sentidos, descubrirla.






