La voz de Daniel.
Daniel no es un niño real. Es un personaje ficticio creado para representar a todos los niños y niñas de Ceuta que, algún día, tendrán que despedirse de su mejor amigo de cuatro patas.
Su historia podría ser la de cualquier familia. La de cualquier niño o niña que ha crecido jugando, riendo y compartiendo momentos inolvidables con su perro, su gato o cualquier otro animal al que considera un miembro más de su hogar.
A través de su carta, Daniel pide al presidente de la Ciudad una ayuda sencilla, pero profundamente necesaria: que Ceuta cuente con un crematorio de mascotas y con un espacio donde las familias puedan despedirse de ellas con respeto, amor y dignidad.
Los niños deben saber que la muerte forma parte de la vida. No se trata de ocultar esa realidad, sino de ayudarles a comprenderla de una manera serena, respetuosa y adecuada a su edad.

Poder despedirse de un animal al que han querido durante años les permite expresar sus emociones, conservar un recuerdo lleno de cariño e iniciar el proceso de duelo acompañados por quienes más les quieren. Porque despedirse también es una forma de amar.
La carta de Daniel no pretende evitar el dolor de la pérdida. Pretende recordar que ningún niño debería afrontar la muerte de un compañero de vida sin tener la oportunidad de decirle adiós con el cariño y la dignidad que merece.
Daniel representa la voz de todos esos niños y niñas que quizá nunca escribirán una carta, pero que sienten exactamente lo mismo.
Porque detrás de Daniel hay cientos de historias reales.
Y detrás de cada mascota hay una familia que merece despedirse con amor, respeto y dignidad.
Movimiento Ciudadano para la Dignidad Animal






