Categorías: Opinión

Todos a una

La disposición es una virtud siempre que esté respaldada por unas cualidades que avalen esa colaboración sin medida. Normalmente, para llevar a cabo una labor no podemos ceñirnos sólo al impulso de un sujeto. Trabajar en grupo conlleva una serie de mecanismo que estructuren y repartan las tareas, diversificando la misión de cada uno y sumando voluntades. Cada elemento es importante y en muchas ocasiones una obra menor se hace indispensable para el buen funcionamiento, siendo imprescindible cada pieza para alcanzar un objetivo marcado. Por poner un ejemplo del mundo de los toros: si tenemos una figura del toreo en su mejor momento y lo rodeamos de subalternos de media monta (maletillas que estén empezando o matavacas de otros tiempos totalmente desfasados) corremos el riesgo de echar abajo la prestancia y el honor de quien de verdad marca el sello de esa cuadrilla. Si a eso le unimos que no se relacionen con el resto de la cuadrilla, ni mantengan una cierta convivencia en los entrenamientos en el campo, en los viajes, ni siquiera en el patio de cuadrilla antes de torear, difícilmente encontraremos esa química que se traduzca en la transmisión del arte de Cúchares a aquel que lo sepa contemplar (siempre que sea un buen aficionado y no un ilustrado pueblerino que jamás ha visitado los tendidos y se permite el lujo de opinar).

 

Los toreros encuentran el sentido a su trabajo cuando todos los elementos que rodean una faena van unísonos a su forma de entender el toreo. Ese feeling debe estar presente desde el apoderado (si no le busca buenos contratos en buenas plazas…), el mozo de espada (si se olvida los estoques y aparece con todos los trastos equivocados y arrugados…), el picador (si le pega 3 puyazos y desgracia al toro…), banderilleros (si le clavas las banderillas en el lomo…) y en definitiva toda la cuadrilla que sepa estar al quite para ayudar al diestro al alcanzar su objetivo. Resumiendo que si no se rema en la misma dirección el resultado no podrá ser bueno por mucho que el matador se esfuerce.

 

“El Cossío” refleja la historia de magníficos subalternos que en sus lides han sido leyendas, siendo reconocidos por los aficionados aunque el tiempo les haya llevado de unas cuadrillas a otra, pero siempre reconocidos por su honestidad, por su compromiso con su trabajo y por la buena relación con sus iguales. La vida y sus experiencias lo forjan en el trato y en el oficio, haciendo de ellos personas reconocibles por su actitud y su entrega dentro y fuera de la plaza.

 

El diestro debe saber rodearse, acaparando junto a él un elenco de reconocido nivel que sea de su confianza. Sólo de esta manera podrá sentirse apoyado en cualquier momento, tanto malo (la falta de oportunidades, las cornás, los silbidos y las críticas), como bueno (las muchas tardes firmadas, los trofeos, las ovaciones y la buena opinión tanto del periodismo especializado como de los aficionados de verdad).

 

 

 

 

 

 

Cabe destacar en todos los casos la clarividencia del matador ante la responsabilidad de elegir a los suyos, rechazando medias tintas por muy bien que se los vendan y aplicando sus conocimientos sin tener que aguantar tiranteces y tensiones con aquellos que van a enturbiar un buen trabajo, respaldados sólo por unos intereses y por la búsqueda a cualquier precio de un status. Cuando las ingerencias en el trabajo son grandes y entorpecen el avance la solución es sencilla…borrón y cuenta nueva y a otra cosa, que siempre habrá quien valore lo que haces y que comprenda tú forma de entender la fiesta.

 

Cuando el empresario de la Real Maestranza, Don Eduardo Canorea, contrata a un matador lo hace con toda la cuadrilla, sin imponerle nada ni nadie y buscando siempre la autenticidad de un toreo demostrado ya en otras plazas. Por esa razón el matador debe mantener una línea de trabajo regular, siendo su carta de presentación ante los grandes empresarios, un sello que se vaya forjando temporada tras temporada.

 

Cuando muchos se vuelcan en una labor pero hay errores o elementos que nos están al nivel sólo podemos deshacernos de aquellos que no estén motivados, porque cuando suenan los clarines no puede haber dudas en la cuadrilla, y si es así, lo mejor que puede hacer el espada es suspender la corrida y esperar a mejor ocasión.

 

Estoy seguro que habrán sabido interpretar en mis palabras, que podría estar hablando de toros o de cualquier disciplina que necesite un trabajo en grupo. Estamos en tiempos de aunar voluntades y cualquier sumisión de las obligaciones supone una pérdida importante, por eso miremos bien a nuestros subalternos, sus capacidades, intereses y plateémonos si están preparados o buscan otras aspiraciones.

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