No es la primera vez que reclamamos contundencia para combatir el narcotráfico en las costas andaluzas y más concretamente en el Estrecho de Gibraltar. Racanear medios materiales y humanos o relajarnos cuando creemos que se ha controlado la situación es una dejación de responsabilidad que no puede esconderse, porque estamos hablando de la ruta más importante del mundo en el tráfico de drogas.
Estas últimas semanas hemos conocido varios episodios donde organizaciones criminales dedicadas al tráfico de drogas han disparado contra policías nacionales en operativos contra estas organizaciones criminales, hiriendo de bala a un policía. Unos delincuentes que gritaban sin pudor “hay que matar a estos perros”. No es un hecho aislado, porque en la localidad de Los Palacios (Sevilla), unos narcos recibieron a tiros a guardias civiles cuando estos se disponían a detenerlos en un depósito de drogas y tampoco son hechos aislados los tiroteos entre bandas y ajustes de cuentas entre estos despreciables delincuentes.
Esto no se trata ya de la presencia de narcolanchas en el Estrecho, se trata de la toma de poder de estas organizaciones en nuestras ciudades provocando el aumento de la delincuencia, pérdida de vidas humanas, incremento de las adicciones y problemas de la salud relacionado con el consumo de drogas. Unos aspectos muy importantes, sin olvidar el impacto negativo que puede tener en uno de los motores de nuestra economía “el turismo”. Un turismo que viene buscando sol, pero también seguridad ciudadana.
No se trata de suposiciones, ni de inventos, porque es una realidad incuestionable que cuando se presentó músculo a estas organizaciones con operaciones como Cartaia, los narcos comenzaron a perder fuerza y el estado de derecho salió fortalecido. Pensar en otras opciones, relajarnos, es muy peligroso, porque los ciudadanos comienzan a percibir que los delincuentes tienen más fuerza que el propio estado de derecho.
Una percepción nada sospechosa si pueden ver a narcolanchas fondeadas en nuestros puertos, atracadas en nuestras playas o aparcadas “como coches” en las playas como la aparecida esta semana.
Esta claro que estas organizaciones se aprovechan de las debilidades de las Fuerzas de Seguridad del Estado por falta de embarcaciones, vehículos, medios técnicos y humanos para cometer sus fechorías y en ese caldo de cultivo van tomando posiciones no solo en el Estrecho Gibraltar, también en el resto del país.
La lucha contra el narcotráfico requiere una respuesta integral. Una respuesta con leyes para proteger a los policías y guardias civiles de las continuas agresiones físicas sin condenas de consideración. Unas leyes que penalicen fuertemente a estas organizaciones y descapitalice no soló a las organizaciones, también a los narcotraficantes -patrones, vigilantes, colaboradores, los que lavan el dinero sucio- y, eso no se hace, con presentación de nuevos proyectos, se hace poniendo sobre la mesa miles de guardias civiles y policías, medios técnicos, embarcaciones y vehículos, porque esto ya no es cosa del Estrecho de Gibraltar.
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