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El tiempo nunca regresa

En el escritorio, en mi rincón de las sensaciones siempre he recordado mi ingreso en la Armada, sintiendo este antiguo marinero la añoranza y de poder sentir el subir a bordo de sus buques o asistir a sus dependencias.

En el pasado mes de agosto aprovechando las vacaciones, mi corazón latía porque la memoria me pedía compartir recuerdos y pasiones de hace casi cuarenta años, recuerdos de mi estancia en el Cuartel de Instrucción de Marinería (CIM) en la localidad gaditana de San Fernando.

El cometido básico del CIM de San Fernando fue el de acoger, incorporar y formar a los marineros que se incorporaban a la Armada en sus correspondientes llamamientos repartidos a lo largo de todo el año.

Esta incorporación se denominaba periodo de Instrucción, que a lo largo del tiempo ha tenido una duración variable, acorde con la duración del servicio militar.

Durante este periodo de Instrucción las materias que se trataban de dar a conocer e inculcar en los marineros, eran básicamente las siguientes: Instrucción Militar, Instrucción Marinera, Educación Física, Formación Moral Militar y Ordenanzas Y Formación Cultural.

En ellas se desarrollaban el manejo y familiarización con armas portátiles, sobre todo las que usarían en las guardias; así como también los movimientos denominados de orden cerrado.

En la formación marinera, básicamente se les enseñaba lo necesario para no sentirse extraños cuando embarcaban en una unidad naval.

Para unos fue un incordio, una pesadilla de la que no sabían cómo zafarse o, en el mejor de los casos, una pérdida de tiempo 16 meses o 24 meses.

Para este que escribe, recuerdo mi estancia en el CIM como el mejor momento de mi servicio militar, añorando aquellos tiempos de camaradería con gran cariño y nostalgia.

Aprovechando mis vacaciones en San Fernando, hacer una gran compra en la tienda ‘Brigada Ventura’, visitar el Panteón de Marinos Ilustres, lo pesado que era su guía porque bajo mi punto de vista no se puede ilustrar la gran obra de la Armada con frases y modismos que quizá para mí no vienen al caso.

Finalmente, en 2001, el Gobierno puso fin al servicio militar obligatorio y optó por unas Fuerzas Armadas profesionales, cerrando el cuartel.

Nos podemos imaginar si cada dos meses vinieran a San Fernando unas cinco o seis mil personas y esa fórmula fue la atracción para San Fernando cuando españoles de todos los puntos llegaban hasta la Isla para hacer la mili en el Cuartel de Instrucción de Marinería.

Era la Isla del Sancho Panza, de la Dulcinea, de La Maestranza, con esos bocadillos gigantes, de los paseos por la Alameda a la calle Rosario cuando tenían franco de ría. La Isla de 'Cateto a babor', que se queda en el recuerdo, que quedará grabada en la memoria colectiva de los cañaíllas que lo vivieron.

Ya me lo dijo el almirante Sebastián Zaragoza Soto que iba a volver a disfrutar con la Armada, por eso la fuerza da la victoria, para lograrla hay que tener destreza y valor.

Las veces que he sentido el escalofrío por ser veterano, las veces que he despedido cualquier instante con un beso diciendo esto se acaba y esto nunca volverá.

Cuantas veces he derramado mis lágrimas en el acto de Homenaje a los que dieron su vida por España, cuando la pena nos alcanza por un compañero perdido, cuando el adiós dolorido, busca en la Fe su esperanza.

Al contemplar 16 años después su fachada, besar su puerta, y hablarle al edificio diciendo, han pasado 16 años, voy a cumplir cuarenta que pasé el dintel de tu puerta, he vivido de todo, tifones, galernas, marejadas y tormentas, pero como dijeron nuestros antepasados como mi padre y el abuelo Bernardo, sin el sable en mi mano temblar.

El centinela de Infantería de Marina sabía que como yo habían pasado generaciones mirando por el cuerpo de guardia, lo que quedaba del CIM, no tenía permiso para entrar ni había pedido audiencia, simplemente al marcharme delante del centinela, puse mis dedos en el suelo de la guardia, haciéndome la señal de la Cruz y señalando el cielo.

Al hacer el camino de regreso con las lágrimas vivas cayendo por mis mejillas sólo podía decir, hasta la vista porque el tiempo nunca regresa.

Gracias España, gracias Armada y que mejor manera de recordar lo vivido con una estrofa del Himno que dice así: "Por tu sagrada presencia, que nada turba ni empaña, tiene sus horas la hazaña y sus horas la obediencia, el Imperio a España vendrá por los caminos del mar".

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