Muchos cometemos un enorme fallo vital del que nos damos cuenta, quizás, demasiado tarde. Así, añoramos ciertos pasados, anhelamos idílicos futuros y nos olvidamos de vivir.
Lejos de ser una frase de autoayuda a Euro el kilo, vivir el ahora es fundamental, más de lo que nos puede parecer.
En definitiva, el tiempo es eso que perseguimos sin caer en la cuenta de que el que siempre nos atrapa es él. Irremediablemente.
Pero también es de otros tiempos lo que, en este AQ, queremos abordar ahora. Son los tiempos verbales, que se trenzan y destrenzan a lo largo de los párrafos y de nuestra vida, los que nos hacen marcar el paso.
A veces nuestros recuerdos se anclan en un Pretérito Perfecto Simple que, en la mayoría de las ocasiones, se parece más a un Pretérito Imperfecto que, dicho sea de paso, nos cuesta admitir.
Así, queremos adelantar el minutero para respirar un simple Improrrogable del que nunca nos hacemos cargo que, en realidad, es un Pospretérito al uso. Y cuanto más nos afirmamos en nuestras creencias, más nos atrevemos a vaticinar a golpe de Antefuturo, que lo mejor está por venir, sin caer en la cuenta que en realidad, todo es puro Antepospretérito.
En otras ocasiones, buscamos con el Pretérito Pluscuamperfecto, con una memoria programada para olvidar esos días en los que todo era falsamente perfecto. Y entonces, rizamos el rizo y queremos volver a un Pretérito Anterior, porque cuanto más débiles son los recuerdos, más felices son.
Y en cuanto empieza a arreciar, cuando la lluvia aprieta y el día se transforma en noche, empezamos con el salvador Subjuntivo.
Entonces, nos sumimos en un Pretérito Perfecto como si el latir de un corazón se dirigiese a distancia, como si todo estuviese bajo control.
Sin embargo, pronto caemos en la evidencia del dolor que procura el Pretérito Pluscuamperfecto, al margen de su majestuosa belleza que solo rivaliza con un Futuro Compuesto que deja bien a las claras que el cantautor valenciano Juan Bautista Humet (1950-2008) no se equivoca en sus textos.
Humet, que en 1968 se integra en los inicios de la nova cançó junto a Serrat o a Luis Llach, cambia de estilo sin cambiar el mensaje.
Ya en 1981, con su canción “Hay que vivir”, lanza una advertencia/consejo/análisis:
Habrá que hacernos a la idea
Que sube la marea
Y esto no da más de sí,
Habrá que darnos por vencidos
Y echarnos al camino
Que no hay norte por aquí.
Al sueño americano se le han ido las manos
Y ya no tiene nada que ofrecer
Solo esperar y ver si cede la gran bola de nieve
Que se levanta por doquier.
Habrá que demoler barreras
Crear nuevas maneras
Y alzar otra verdad
Desempolvar viejas creencias
Que hablaban en esencia
Sobre la simplicidad
Darles a nuestros hijos el credo y el hechizo
Del alba y el rescoldo en el hogar
Y si aún nos queda algo de tiempo, poner la cara al viento
Y aventurarnos a soñar.
Hay que vivir, amigo mío
Antes que nada hay que vivir
Y ya va haciendo frío
Hay que burlar ese futuro
Que empieza a hacerse muro en ti”.
Y en esas estamos.
En un mundo en el que constantemente nos toca comer gatos, mientras los de siempre se quedan con las liebres, en el que se habla mucho de Fraternidad universal, pero se practica poco y en el que la Igualdad es más utopía que nunca, quizás haya llegado el momento de replantearnos el uso de los tiempos verbales, y por qué no, del tiempo a secas también.
Mi Mañica preferida siempre decía que era Imperativo vivir el Presente. El resto, aseguraba, son quimeras, y esas nos las conocemos todas, así que ya nos vale de tanto pensar para nunca hacer.
Cierto es que sería un error no analizar el pasado y no construir el futuro en este presente, pero el problema es que nos empeñamos en no saber leer los tiempos pretéritos, sin jamás tener una idea clara de lo que queremos para nuestro futuro dejando que “ellos” decidan por nosotros.
Es posible, pues, que ya no sea cuestión de tiempo porque sencillamente nos estamos quedando sin él de tanto regalárselo a quienes nos poseen.
Parafraseando a Albert Camus, podemos decir que siempre llega momento en el que hay que elegir entre la contemplación y la acción. Pasar de un prudente y cómodo incondicional a un arriesgado presente que deje bien a las claras qué somos y qué queremos.
Ya lo decía Humet:
“Hay que vivir, amigo mío
Antes que nada hay que vivir
Y ya va haciendo frío
Hay que burlar ese futuro
Que empieza a hacerse muro en ti”.
Pero, si todavía alguien tiene dudas, siempre le quedará Renaud cuando canta, en Mistral Gagnant:
“Hay que amar la vida
Y amarla incluso sabiendo
Que el tiempo es asesino
Y se lleva con él la risa de los niños…”.
De todas formas, una cosa sí parece clara: lo que realmente urge ahora es el tiempo de vivir. Sin más dilación, porque el futuro es ahora, y como decía Antonio Machado “HOY ES SIEMPRE TODAVÍA”.
Una vez más, la reflexión es suya.
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