Del combate de la XIII Bandera de La legión en Edechera se ha escrito mucho, y hay algunos que se han paseado por revistas y por la prensa diciendo que estaban en primera línea de fuego, pero mi compañero y gran amigo Jaime Tur Jeremías, que en dicho combate estaba al mando de un pelotón de morteros en primera línea de fuego, dice que el que se hace como un héroe, ni lo conoce, ni lo vio, ni sabe quién es.
En toda la historia de La Legión, y en los cientos y cientos de acciones de guerra que intervino, no hay ningún día con tantas bajas como aquel fatídico 13 de enero de 1958, donde la cifra es más que escalofriante, nada menos que 48 muertos y más de medio centenar de heridos. Haciendo honor al espíritu de La Legión, no retrocedieron ni un palmo, ni aún menos el enemigo logró avanzar, sino por el contrario huyó en retirada.
Del Banderín de Enganche al Sáhara
Antonio Juárez Dávila era en 1957 uno de aquellos jóvenes que salía de su pueblo natal, Zalamea la Real (Badajoz), en busca de un mejor porvenir que en su tierra natal no había encontrado. Con sus 20 años se traslada a Madrid, y en el popular barrio de Vallecas donde se encontraba el Banderín Central de Enganche de La Legión, se alista con un compromiso de tres años. Pocos días después salía del Banderín con destino a la XIII Bandera de La Legión, con destino a El Aaiún, donde era destinado a la 2º Compañía, la que mandaba el heroico capitán Agustín Jáuregui Abellas, quien encontraría gloriosa muerte en el célebre combate de Edchera.
Según recuerda el comandante legionario Antonio Juárez Dávila, dentro de dicha 2ª compañía quedaba adscrito a la sección que mandaba el teniente Manuel Carrillo Turón, y sería en la plaza de El Aaiún donde le tocaría vivir el ver la muerte muy de cerca, la cual les rondaba frecuentemente, pero ese gran espíritu que solo posee La Legión era el que se iba a enfrentar cara a cara con su más leal compañera, como ellos entonan en su himno ‘La Muerte’, y que afortunadamente respetaría a este comandante legionario.
La XIII Bandera fue una unidad joven, pero hasta su disolución en junio de 1969, puede presumir de tener un brillante historial, con unos grandes hechos de armas, regados con la sangre de sus mejores hombres, tanto en el combate de Edchera, como en el enfrentamiento con el enemigo en febrero de 1958 en el combate de Cabeza de Playa de El Aaiún.

El fallecido teniente general, Gerardo Mariñas Romero, que estuvo al mando del IV Tercio de La Legión, en un extenso artículo sobre las acciones de esta XIII Bandera, narra el combate del 22 de diciembre de 1957 así: “el enemigo en aquella ocasión ocupaba unos trincherones en la zona del Meseied, con abundantes cuevas utilizadas como depósitos, donde acumulaban munición, víveres, etc. Ese día la subagrupación constituida para el reconocimiento a efectuar estaba formada por las compañías 2ª y 3ª, una sección de ametralladoras y un pelotón de morteros de 81 mm, todas de la XIII Bandera al mando del capitán Agustín Jáuregui Abellas.
El enemigo, que disponía de una ametralladora MG, hizo fuego imprudentemente desde mucha distancia, lo que permitió a La Legión maniobrar con rapidez, expulsando de sus posiciones al enemigo, hacerles varios muertos y capturar a su jefe, con solo un legionario herido, sin poder impedir que huyese por la Saguía, donde dejó varios muertos que fueron recogidos por los legionarios”.
Quienes no conocen a La Legión ignoran que por sus filas pasaron dos reputados republicanos, como dos de sus laureados que murieron por defender la República, o la gran cantidad de ellos que encontraron asilo en sus filas. La Legión no ha sido un cuerpo al servicio de un determinado régimen político, ha servido a dos monarquías, dos dictaduras y una república, y en el tercio todos encontraron servicio y abnegación. Goza en el sencillo y llano pueblo español de ser el cuerpo del ejército más querido y respetado. De ello se puede dar fe en cualquier desfile, donde se demuestra el enorme cariño y los aplausos que se lleva.
Recuerdos de una ofensiva
En un documento que me envió el comandante Antonio Juárez Dávila, así recuerda lo que él vivió: “viví en directo la masacre que nos hicieron en el combate de Edchera. Todos los legionarios supimos estar a la altura de las circunstancias, destacando la valentía de mi capitán Agustín Jáuregui Abellas, y, cómo no, del brigada Francisco Fabrique Castromonte y el legionario Maderal Oleaga, entre otros. Otro de los momentos que recuerdo fue el 10 de febrero de 1958 en una ofensiva al atravesar La Saguía (lecho seco del río), donde fuimos atacados. Esta gente estaba enterrada en la arena y al pasar a la retaguardia de la bandera, la 1ª Compañía, nos atacaron por la espalda.
Entramos en posición en las escarpadas orillas del río, y comenzó el combate conocido como el combate del Meseied. En el fragor de dicho combate acudió nuestra aviación, y recuerdo que eran unos aviones pequeños, creo que eran los T-6, los cuales venían en pareja de dos en dos, descargaban la mortífera carga y volvían a Gando a repostar. A la mañana siguiente, al venir el día, nos mandaron al pelotón del que formaba parte el mando del cabo 1º Nieves Pérez a hacer un recuento, pero no había nadie, ya que durante la noche se habían marchado, pero recogimos gran cantidad de víveres y ropa, y nuestra XIII Bandera tuvo ese día 3 bajas (heridos), todos de la 1ª Compañía”.

Hasta aquí todo lo que el comandante legionario Antonio Juárez Dávila recuerda de aquella campaña de Ifni-Sáhara. Todo un valiente legionario al que le consta y lo manifiesta con enorme orgullo su ‘valor acreditado’, algo que en la vida militar no todos pueden decir. En sus tantos años de vida militar está en posesión de la medalla de Ifni-Sáhara, de la Cruz a la Constancia, de la Cruz de San Hermenegildo, de la Placa Real y Militar Orden de San Hermenegildo, de la Encomienda de San Hermenegildo, de la Medalla Campaña del Sáhara, y ante todo y, sobre todo, con la satisfacción del deber cumplido.
Aquellos que no conocen La Legión y solo de oídas lo de ‘novios de la muerte’, deberían saber que es por el desprecio al peligro en tiempos de guerra, pero en la paz, este desprecio al peligro los ha llevado a ser acreedores de otro título: “¡novios de la vida!”, tal como lo escribió el historiador José Montes Ramos, y razón no le falta, porque no ha habido tragedia, catástrofe o situación social desesperada, que para ayudar a mitigarlas, por peligrosas que hayan sido, no tuviera la misma respuesta uniforme de todos los legionarios de dar ‘un paso al frente’. La historia de este glorioso cuerpo en los 82 años de su larga vida, entre muertos y desaparecidos, son cerca de once mil, con 22 cruces laureadas de San Fernando, 211 medallas militares, y nada menos que 37.031 medallas y cruces de guerra, y sus banderas lucen 7 corbatas de San Fernando, 22 medallas militares y una Cruz de Guerra francesa.






