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Terra incognita

Por Septem Nostra
14/12/2019 - 04:00
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Entre los días 2 y 16 del presente mes de diciembre se está celebrando en Madrid la Cumbre sobre la Acción Climática ONU 2019, también conocida como COP25. En este encuentro se han dado cita representantes de distintos países, juntos a empresas y un amplio elenco de asociaciones y entidades ecologistas. Cada día hay más evidencias sobre los efectos del cambio climático, entre los que la ONU destaca las olas de calor extremo, la contaminación atmosférica, el incremento de los incendios forestales, las inundaciones o las sequías. Según informa la ONU “Las emisiones a nivel mundial están alcanzando unos niveles sin precedentes que parece que aún no han llegado a su cota máxima. Los últimos cuatro años han sido los más calurosos de la historia y las temperaturas invernales del Ártico han aumentado 3 °C desde 1990. Los niveles del mar están subiendo, los arrecifes de coral se mueren y estamos empezando a ver el impacto fatal del cambio climático en la salud a través de la contaminación del aire, las olas de calor y los riesgos en la seguridad alimentaria.

Los impactos del cambio climático se sienten en todas partes y están teniendo consecuencias muy reales en la vida de las personas. Las economías nacionales se están viendo afectadas por el cambio climático, lo cual a día de hoy nos está costando caro y resultará aún más costoso en el futuro. Pero se empieza a reconocer que ahora existen soluciones asequibles y escalables que nos permitirán dar el salto a economías más limpias y resilientes.

Los últimos análisis indican que, si actuamos ya, podemos reducir las emisiones de carbono de aquí a 12 años y frenar el aumento de la temperatura media anual por debajo de los 2 °C, o incluso a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales, según los datos científicos más recientes”.

Ha llegado el tiempo de la acción, coma ha indicado el Secretario General de la ONU. Con acierto, António Guterres ha reclamado a todos los líderes que presenten en Madrid proyectos bien definidos y alcanzables para alcanzar el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 45 % en los próximos diez años y a cero para 2050. Parece que por fin los organismos internacionales se han dado cuenta de que la reducción de las emisiones de carbono lleva aparejada una modificación profunda de nuestro modelo económico. El capitalismo nos ha conducido a esta situación de grave crisis multidimensional. Nos enfrentamos a una crisis ecológica, económica, social, cultural y ética sin precedente en la historia de la humanidad. La naturaleza es una de mis principales afectadas por el sistema económico que desde hace quinientos años domina nuestras vidas.

Aunque la mayoría de la ciudadanía no lo percibe, la edad de la expansión, o en términos económicos de crecimiento, está cediendo el paso a una edad del equilibrio. Muchos se resisten a reconocer que el periodo del crecimiento económico, de la expansión territorial, poblacional e industrial ha terminado. Paradójicamente, la constatación de su inevitable fin se puede observar con claridad en uno de los lugares donde la era de la expansión comenzó, en Ceuta. Esta ciudad ha llegado al máximo de su capacidad de crecimiento urbanístico, poblacional y económico. Los desequilibrios entre energías naturales y vitales, entre población y recursos disponibles, entre capacidad del tejido productivo y demanda de empleo, entre viviendas, equipamiento e infraestructuras son extremos. Corregir estos desequilibrios no va a ser fácil, si es que alguna vez se emprende esta ardua y compleja tarea.

No quisiéramos continuar esta reflexión sin dejar un mensaje esperanzador, sin proponer un reto colectivo. Si hacemos un diagnóstico de la actual situación local, nacional y mundial en términos puramente racionales no parece quedar demasiado margen para la esperanza. Aunque nuestro futuro está necesariamente condicionado en parte por nuestro pasado y en esa medida es ya presente, no podemos predecir cuales de los sectores de nuestra herencia entrarán a desempeñar un papel activo, porque esto depende cada vez de los ideales y fines que nosotros proyectemos al futuro.

Si tenemos la suficiente capacidad analítica y la necesaria confianza en la humanidad, Ceuta puede ser también el escenario donde surja la definitiva transformación del hombre. Una nueva cultura que nos conduzca desde la cultura del Nuevo Mundo y la expansión, a la del Mundo Único y el equilibrio. Una nueva civilización que gire en torno a los conceptos del hombre equilibrado, el grupo autogobernado y la comunidad universal. A pesar de la crisis y de todos los sufrimientos que padecemos, la esperanza debe permanecer. Incluso si la crisis sigue presente durante un largo periodo de tiempo, no podemos demorarnos en prepararnos para la renovación de la vida. El camino que debemos seguir siendo Terra Incognita, un terreno inexplorado y cargado de dificultades.

Nos ha tocado vivir un momento crucial en la historia de la humanidad y del planeta tierra. Estamos asistiendo a un cambio planetario provocado por el ser humano que ha desequilibrado el clima y los ecosistemas naturales. Vemos con esperanza el emergente movimiento cívico, impulsado por los más jóvenes, que ha decidido alzar la voz, al mismo tiempo que emprenden acciones concretas para restaurar nuestra maltrecha naturaleza. Una amplia mayoría de la sociedad ha tomado plena conciencia de que poco o nada podemos esperar de las instituciones. Con indica el propio apelativo de estas últimas, su principal propósito es defender y consolidar lo instituido. Siempre ha sido así y siempre lo será. Los graves cambios sociales y culturales han sido promovidos por miembros activos de la sociedad. Si en algo se caracteriza el movimiento ecologistas es por su firme voluntad y su constancia.

La verdad siempre se impone y la realidad del cambio global pocos se atreven a negarla. Ahora toca seguir avanzado por el cambio de la sostenibilidad y dibujar con precisión el mapa de un territorio hasta ahora desconocido.

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Comments 1

  1. André Sabané comentó:
    hace 6 años

    Respecto de Ceuta, a cierto sector de la población ceutí no le entra en la cabeza que no es posible tener hijos como si fueran churros, y, además, sin oficio ni beneficio. Luego corren a los servicios sociales para que les saquen del atolladero en que se han metido al traer a este mundo a un número de hijos a los que no pueden atender, educar y proporcionarles un futuro saneado. La población censada ya ha alcanzado los 86.000 habitantes, y algunos más si contamos los que no están censados, e infiltrados desde Marruecos. La huella demográfica que esos miles de habitantes dejan en un territorio de 19 km2 es enorme, un territorio en donde no existe la agricultura, la ganadería, ambas extensivas, solo el sector servicios y el funcionariado, el futuro lo pintan más que negro. Todos esos desequilibrios que se citan en el texto no se van a corregir ni a medio plazo ni nunca, tal vez. Ceuta entrará en barrena, con grandes bolsas de población en la marginación, en la delincuencia, y, finalmente, se podría convertir en una ciudad fallida. Una ciudad de la que huyen, cada vez más, ciudadanos que huelen la debacle futura. Por otro lado, la bolsa de individuos que ni están preparados académicamente ni calificados para ejercer un oficio se amplía cada vez más. El simple oficio de pico y pala está cada vez más obsoleto, ahora es necesario algo más de capacitación. Y me temo que no pocos de los que están en esa bolsa de la que hablo carecen de esa capacitación académica. En fin, el futuro de la ciudad no es muy halagüeño, y, acaso no haya soluciones a medio plazo, y, posiblemente, a largo plazo tampoco. Si a alguien se le ocurre alguna solución que la exponga. Ya sabemos los problemas, ahora es el turno de las soluciones.

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