Hace poco más de un mes, Ceuta vivía la denominada Nueva Normalidad. Los días se sucedían sin regristarse ni un solo caso de covid y todos comenzamos a pensar que la pesadilla estaba llegando a su fin y que, seguramente, las navidades serían como las de antes de la pandemia.
Lamentablemente, la situación dio un giro dramático y de ser ejemplo de buena situación sanitaria en la Península, comenzamos a sumar contagios y a subir las cifras de los informes diarios. Aún así, las ganas de normalidad imperaban y nos esforzábamos en afirmar que aquello se trataba de algo puntual, que no había de qué preocuparse y que, seguramente, en breve volveríamos a poner el contador a cero como en octubre.
Desafortunadamente esto no ha sucedido y, para más desatino, ha llegado la nueva variante, la llamada Ómicron, para ponernos las cosas aún más complicadas al ser una modalidad del coronavirus que destaca sobre todo por su poder de contagio. Aún no está confirmado al cien por cien, pero los expertos del Hospital de Ceuta ya han detectado en sus laboratorios varios posibles casos de covid relacionados con esta nueva cepa. Todo encaja.
No hay que olvidar, porque es de reseñar, varios momentos que han ayudado a provocar y a acelerar el poder confirmar que estas navidades nos vaya a tocar estar de nuevo con el miedo en el cuerpo.
Sobre todo el Puente de Diciembre y el encendido de luces navideñas. Ahí, se nos olvidó a todos por completo que el covid estaba invitado a la fiesta y nos lanzamos a vivir como si no estuviéramos en la pandemia en la que nos encontramos. Las calles llenas, niños y mayores, todos disfrutando de la decoración, llenando los bares, pasando página y guardando, en demasiadas ocasiones, las mascarillas en los bolsillos.
Ahora, las cifras se han disparado, hemos sumado ya varios fallecidos en la ciudad a causa de coronavirus y los brotes se suceden día tras días. Las colas se alargan en el Punto Covid y las personas aisladas por posibles contagios se multiplican.
Es tal la situación, que son muchos ya los que vuelven a usar la mascarilla, tanto en interiores como en exteriores y, desde ayer, aquellos que quieran entrar en locales de ocio de más de cincuenta comensales tendrán que hacerlo portando su pasaporte covid, para seguridad de ellos y de todos en general.
Las cosas se han puesto ‘feas’ de nuevo y toca asumirlo. Llegan las navidades y se vienen esos días en los que nos juntamos con las personas que más queremos del mundo. Tenemos la fortuna de poder hacerlo, el año pasado muchos ni eso pudieron. Por eso, lo más sensato, lo más humano, lo más correcto y lo mejor sin ninguna duda, es ser prudentes.
No hace falta explicar cómo se hace esto. Todos sabemos cuándo hay que ponerse la mascarilla, cuándo hay que guardar distancia de seguridad o cuándo no es apropiado estar en un lugar porque hay demasiada gente. La teoría nos la hemos aprendido a base de meses de confinamientos, de tener que perder a familiares y amigos y de haber dejado atrás infinidad de momentos. Por eso, para que no empeoren aún más los datos y que, al menos, podamos seguir viviendo a medio gas, vamos a tomarnos al covid en serio y a ser lo más prudentes que podamos estos días.






