El escultor y profesor de Bellas Artes Juan Manuel Miñarro ofreció el pasado sábado una conferencia en el Museo de las Murallas Reales centrada en el estudio científico de la Sábana Santa de Turín y del Sudario de Oviedo. Durante su intervención explicó los avances de las investigaciones multidisciplinares que analizan ambos lienzos y las coincidencias halladas entre ellos, que continúan despertando el interés de científicos y creyentes.
La Sábana Santa de Turín y el Sudario de Oviedo son dos telas de lino que la tradición cristiana relaciona con el entierro de Jesús de Nazaret. El primero conserva la imagen frontal y dorsal de un hombre con heridas compatibles con la crucifixión, mientras que el segundo presenta manchas de sangre y fluidos que habrían cubierto el rostro de un cadáver.
Según explicó Miñarro, ambos tejidos contienen información que puede estudiarse desde disciplinas como la medicina forense, la física o la antropología.
El investigador señaló que el objetivo de estos estudios no es demostrar científicamente que los lienzos pertenecieron a Jesús, algo que considera prácticamente imposible desde el punto de vista científico. Sin embargo, afirmó que hasta ahora no se ha encontrado ninguna contradicción relevante entre los datos obtenidos y la tradición histórica que los vincula con el relato evangélico.
La investigación sobre la Sábana Santa se desarrolla desde hace décadas mediante equipos multidisciplinares que analizan tanto el tejido como las manchas de sangre presentes en él.
Uno de los aspectos más discutidos es la datación por radiocarbono realizada en 1988, que situó el origen del lienzo en la Edad Media. Miñarro explicó que varios investigadores han cuestionado este resultado al considerar que la muestra pudo estar contaminada tras siglos de manipulación, incendios o exposición ambiental.
En el caso del Sudario de Oviedo, las dataciones realizadas lo sitúan en torno al siglo VI, aunque los estudios comparativos siguen analizando su relación con la Sábana Santa.
Uno de los descubrimientos más sorprendentes se produjo en 1898 cuando el fotógrafo Secondo Pia realizó la primera fotografía del lienzo. Al revelar el negativo apareció una imagen mucho más clara del rostro, lo que reveló que la impronta funciona como un negativo fotográfico.
Investigaciones posteriores demostraron además que la imagen contiene información tridimensional, algo que no se corresponde con una pintura ni con una fotografía convencional.
En la parte final de la conferencia, Miñarro explicó algunos estudios recientes que comparan ambos lienzos mediante superposiciones y análisis matemáticos de manchas de sangre. Los resultados muestran coincidencias en zonas como la frente o la nuca.
Para los investigadores, estos datos apuntan a que ambas telas pudieron estar en contacto con el mismo rostro.
Pese a los avances científicos, el origen de la imagen de la Sábana Santa sigue sin explicación definitiva. Según Miñarro, la ciencia todavía no ha conseguido reproducir en laboratorio un fenómeno similar.
El investigador concluyó que estos lienzos continúan siendo uno de los enigmas históricos y científicos más estudiados, al tiempo que mantienen su valor como objeto de devoción para millones de creyentes.
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