Hoy me siento profundamente orgulloso de los ceutíes.
En los momentos difíciles es cuando realmente se conoce a una sociedad. Es entonces cuando descubrimos quién mira hacia otro lado y quién decide dar un paso al frente. Durante estos días, muchos ciudadanos de Ceuta han demostrado que nuestra ciudad posee algo que ningún problema, ninguna crisis y ninguna mala gestión pueden arrebatarnos: humanidad.
Personas anónimas, vecinos, voluntarios, asociaciones y colectivos se están movilizando para ayudar, ofreciendo alimentos, ropa, apoyo, tiempo y todo aquello que está en sus manos. Gente que no pregunta de dónde viene una persona, cuál es su historia o qué puede recibir a cambio. Simplemente ayuda porque entiende que delante tiene a otro ser humano.
Esa es la Ceuta que me representa.
Una Ceuta solidaria, cercana y capaz de unirse cuando más falta hace. Una ciudad que, a pesar de sus dificultades, no ha perdido la empatía ni la capacidad de ponerse en el lugar de quienes están sufriendo.
Resulta emocionante comprobar cómo la ciudadanía está realizando, en muchas ocasiones, un esfuerzo mayor que quienes tienen la responsabilidad de gobernar, gestionar y ofrecer soluciones. No debería ser necesario que los ciudadanos tengan que cubrir con su esfuerzo aquello que las administraciones no han sabido prever o coordinar.
La solidaridad del pueblo no puede convertirse en una excusa para la falta de planificación de los responsables políticos. Ayudar es un gesto voluntario y generoso, mientras que gestionar correctamente es una obligación de quienes ocupan cargos públicos.
Por eso, junto al orgullo, también debemos exigir responsabilidad. La humanidad de los ceutíes merece estar acompañada por instituciones que estén a la altura, que actúen con previsión y que no abandonen a la ciudadanía cuando surgen los problemas.
Pero hoy quiero centrarme especialmente en dar las gracias.
Gracias a cada persona que ha ofrecido comida, ropa, agua o un lugar donde descansar. Gracias a quienes han dedicado horas de su tiempo. Gracias a quienes han colaborado en silencio, sin buscar protagonismo, fotografías ni reconocimiento.
Son esas personas las que están mostrando el verdadero rostro de Ceuta.
Frente al miedo, solidaridad. Frente a la indiferencia, compromiso. Frente a los discursos que pretenden dividirnos, humanidad.
Hoy me siento orgulloso de pertenecer a una ciudad cuya gente es capaz de responder de esta manera. Los ceutíes han vuelto a demostrar que poseen un corazón enorme y que, cuando alguien necesita ayuda, saben estar presentes.
Que nadie nos haga perder nunca esa humanidad, porque precisamente esa humanidad es una de las mayores riquezas que tiene nuestra ciudad.
Adil Hamed Cañibano
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