El Sur es ese punto cardinal especial y esencial que encontramos en versos perdidos que unen olivos, que se deslizan Estrecho abajo o que buscan su sitio en esa cruz siempre demasiado lejana, allá en los cielos australes al Sur del Sur.
Vivir en el Sur, y más concretamente en este Norte del Sur, es descubrir una nueva paleta de colores cada mañana mientras las dos bahías se abrazan y se despiden para dar la bienvenida a cada bocana de horizonte.
Tener el Sur como guía es sentirse heredero, haya nacido donde haya nacido, de la cuna de la Vida, del pensamiento, del Arte y de todas las ciencias.
Adoptar el Sur como forma de sentir es dejar atrás las prisas industriales, para refugiarse en un pausado paso meridional que enseña a contemplar la belleza sin tiempo prefijado, ni calendario.
Arroparse de Sur es tener, en un segundo, todas las fragancias imposibles reunidas en golpe de viento para que luego, con un estallido de vendaval se produzca una explosión de yodo que todo lo cope y que, incansables, las olas transportan para acariciar unos pies cansados de tanto andar.
Pensar en Sur, que no “EN EL” Sur, supone saber poner las manecillas del reloj en su justo sitio para poder contemplar, desde la puerta del océano que se abre en cualquier recodo, lo único que hay más grande que nosotros a sabiendas de la prisa mata.
Y luego está el Norte.
Y en esas estamos.
En 1985, Joan Manuel Serrat lanzaba al mercado su decimonoveno trabajo (un LP, se decía en la época) con unos textos de otro uruguayo eterno, Mario Benedetti.
A modo de apunte, me siento en la obligación de decir que el paisito, como le llama mi hermanito Alejandro Fuster, está especialmente dotado en regalarnos genios: Mujica, Galeano, Benedetti o mi Hermanito Ale, entre otros. Casi nada.
El caso es que Serrat cabalgó, como solo él saber hacerlo, sobre los versos del de Pasos de los Toros, dándole a ese disco el título de uno de los textos de Benedetti, al tiempo que una canción que ha quedado para los anales: “El Sur también existe”.
En esa poesía dulcemente reivindicativa se nos muestran dos formas de vida, dos conceptos de sociedad, dos mundos…como lo que el se ha encontrado al pasar, sin transición ni aviso, del gris hierro al moreno tostado de las mágicas tierras, esas que tienen el honor de, por fin, ver como su sombra acaricia playas, montes y avenidas.
Ese Norte tan mecánico, tan cuadriculado, que tan pocas veces se escapa de las columnas de los gruesos libros de fría contabilidad llenos de “DEBE” y “HABER” y que aplasta a golpe de Wall Sreet, de cadenas de guerra y de crisis inventadas a un Sur que, a pesar de los pesares, nunca se da por vencido.
El Norte no entiende, como decía el ya citado Galeano, que aquí tengamos el deseo de poder tener el coraje de estar solos, sin tutelas ni bridas, y la valentía de estar juntos.
Somos un Sur ensamblado de risas que nunca entienden de pasaportes, de abrazos que siempre son universales y de miradas de ojos diferentes buscando un mismo horizonte.
El Norte sabe de “aquí” y de “allí”, de “ellos” y “nosotros” mientras que el Sur vive de la mezcolanza, de esa armonía ácrata en la que todo acaba encajando de forma natural en su sitio, anunciando siempre un orden lógico que se sitúa por encima de ese desorden algorítmico estéril y de negocios de un Norte que, o quiera o no, vive del Sur.
Mientras el Sur vive de Libertad, de sábanas blancas, de paredes tintadas de añil y de puertas abiertas, el Norte busca refugio entre los miedos inventados, las alarmas que guardan de todo menos el aliento fraternal y las sirenas que anuncian el frío.
El Norte se pasa el tiempo entre rejas, como si se pudiera atrapar al pensamiento, intentando ponerle grilletes a un Sur cada vez más libre.
Algún día, ojalá pronto, el Norte se irá mutando en Sur tras siglos de haber intentado resistirse a lo inevitable. Será la venganza dulce de quienes, como usted, un día descubrieron un mundo que tiene la voluntad de desterrar diferencias y diferenciadores.
Mi Mañica preferida siempre decía que ella venía del Sur y que, por ello, cargaba con la pobreza económica de sus semejantes sureños, pero también con la grandeza de saber el real significado del verbo VIVIR.
Desgraciadamente, en nuestro Sur, y al Sur de nuestro Sur, no todo son olores, sabores o colores. Lamentablemente, también hay hambre, miseria, muerte vestida de uniforme y sueños rotos que se encuentran en el fondo del mar.
Es un Sur que quiere ser y estar frente un Norte que impone y dispone, es un Sur que sueña con caminar frente a un Norte que vive de aplastar.
Hay quien eligió de qué lado de la rosa de los vientos quería navegar, optando por un rumbo 1-8-0 constante y decidido.
Ahora, le toca a usted saber de qué lado quiere situarse.
Una vez más, la reflexión es suya.
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En el NORTE siempre.