Todos quieren cruzar a Ceuta. No hay diferencias. Lo quieren adultos, menores, hombres, pero también mujeres. Y además no solo marroquíes, sino también argelinos, subsaharianos, pakistaníes… Un auténtico crisol de culturas.
Con eso es con lo que se ha topado esta madrugada tanto la Guardia Civil como la Marina marroquí, en una nueva noche sin descanso.
Decenas de nadadores, más de 70 según las estimaciones oficiosas consultadas por El Faro, se han echado al mar.
La clave de que no entraran está en la cooperación que ha existido entre los componentes del Servicio Marítimo y la Marina de Marruecos. Los primeros ejercen de guía constante a una expedición marroquí que logra, así, saber dónde están los inmigrantes y trasladarlos a los arenales.
El mar se ha convertido en la ruta más temeraria y la utilizada por inmigrantes de distintos orígenes.
Marruecos se ha hecho cargo tanto de marroquíes como de subsaharianos, pero también argelinos y asiáticos. Hacía tiempo que no se veía a la población subsahariana apostar por la ruta del espigón, ya que lo normal es que opten por el salto de la valla.
Todo cambia. Esas rutas son temerarias porque cada vez los nadadores se abren más. En vez de intentar bordear el espigón directamente, lo que hacen es nadar abriéndose tanto que ponen en serio peligro sus vidas.
Todos los inmigrantes interceptados en el mar fueron asumidos por Marruecos, entre ellos varias mujeres que no alcanzan la mayoría de edad.
Los intentos no entienden de horarios, aunque repuntan de noche, también se registran durante toda la jornada, buscando la manera de llegar hasta Ceuta dejando atrás el vecino país.
La presión migratoria es constante este verano, no tiene freno. Los intentos de pase son continuados sin que haya veto en la llegada hasta las zonas próximas desde donde se producen las incursiones en el mar. Luego viene lo complicado, dar con ellos, interceptarlos, pero sobre todo salvarles la vida.
Los jóvenes llegan sin problemas a la orilla para emprender rumbo a nado hacia Ceuta, en una constante alentada por las comunicaciones entre residentes tanto en las naves que sirven de acogida a los menores como en el CETI.
Precisamente, el centro de estancia temporal acoge entre sus más de 700 residentes a un importante número de población magrebí, tanto argelina como marroquí, lo que hace cambiar las tornas migratorias respecto de otras épocas en las que el grupo de subsaharianos era siempre el más numeroso.
El pasado 1 de agosto, el Ministerio del Interior ofrecía un balance de las entradas correspondientes a los últimos 15 días de julio, así como las de todo el año.
De acuerdo con ese informe oficial, en Ceuta han entrado en 7 meses 1.452 personas solo por vía terrestre -valla y espigón-.
La estadística correspondiente a los últimos 15 días del mes cifra esas entradas en 361 personas.
Son solo los datos correspondientes a los registros de acceso, no a los intentos continuados como los que se han producido esta madrugada y también días atrás, que solo quedan recogidos en los partes internos de la Guardia Civil, de los que debe tener constancia la propia Delegación del Gobierno.
Interior nunca ha facilitado esas cifras, que, en el fondo, son las que se ajustan a la realidad que se vive en plena frontera sur. Lo que caracteriza a estas noches de presión constante es la cantidad de personas de distintas edades y orígenes que no están teniendo reparo alguno en arriesgar sus vidas con tal de marchar de Marruecos.
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