El puerto es escenario, prácticamente a diario, de intervenciones policiales que se saldan con la localización de menores.
Cada vez son más y, también, más pequeños. Hay casos en los que los agentes de servicio se topan con niños que no alcanzan los 7 años. Es una cruda realidad que debe ser afrontada con responsabilidad y no dejándose llevar por furias insensatas, prejuicios o por las consecuencias dañinas de que esos menores estén en la calle. La reflexión se presupone en una ciudad que se considera avanzada. Las imágenes de menores en la zona portuaria expuestos a cualquier abuso, forzados a la comisión de delitos, afectados por una situación de riesgo no pueden ser aceptadas por más tiempo. El repunte de niños que se está produciendo en las últimas semanas es conocido. Las instituciones no pueden mirar hacia otro lado haciéndonos creer que esta realidad les es desconocida. El Puerto, la Ciudad y la Delegación del Gobierno conocen qué está pasando, qué sucede en el ámbito portuario por lo que deben actuar de inmediato. No puede permitirse que niños que no alcanzan los diez años estén ocultos en las escolleras o se dediquen a trepar por los techos de la estación marítima para colarse en los barcos. ¿Vemos normal esas fotografías de menores que trepan por el mismo muro del que cayó un argelino perdiendo la vida?, ¿vemos normal la exposición de esos menores a la utilización que, de ellos, hacen los adultos? La problemática asoma a los ojos de todos pero quienes tienen la potestad de actuación son los gestores, a los que se les debe encomendar la adopción de medidas o, cuando menos, el intento por hallar una solución al problema. La semana pasada un menor estuvo a punto de morir en una reyerta brutal en la que participaron más inmigrantes. Hoy mostramos a decenas de menores, de noche, intentando colarse en barcos. ¿Qué vendrá después?





