Los altercados en los polígonos, las avalanchas de porteadores, los cierres de la frontera y los atascos de tráfico sufridos por los conductores que transitan entre ambos países o por los que circulan por las inmediaciones... todo el conjunto de problemas con el que finalizó 2015 requiere una solución que difícilmente puede venir de una única actuación.
El delegado del Gobierno, Nicolás Fernández Cucurull, habló ayer nuevamente de este asunto. Puso sobre la mesa un conjunto de actuaciones que están previstas y que ninguna de ellas, por desgracia, es suficiente por sí sola para traer la solución definitiva. Cada una de ellas tiene un campo de actuación y persigue un objetivo concreto, aunque lo realmente importante es su aportación al remedio global.
Así, la apertura del Tarajal II, que busca ordenar el tránsito de porteadores, deberá venir acompañada de la remodelación del Tarajal y de un incremento de efectivos policiales para mejorar los niveles de seguridad en ese paso fronterizo.
Además, es necesario continuar con las actuaciones en el Príncipe y en los polígonos para adecuar a las nuevas circunstancias sus accesos y la circulación por esas zonas. Igualmente, hay que dotar de infraestructuras adicionales a la carretera N-352 para evitar las retenciones.
También es necesario reforzar aún más si cabe la cooperación entre la administración central y local para que ambas continúen combatiendo y aumentando su eficacia en la lucha contra el fraude.
Algunas de esta medidas ya están en marcha e incluso han cosechado los primeros éxitos. Otras requieren de más tiempo, bien para su ejecución o bien para ser proyectadas, presupuestadas o adjudicadas. Por lo tanto, será necesario hacer gala de nuevas dosis de paciencia, aunque no se puede olvidar que ésta no es infinita. No se puede abusar del aguante de la ciudadanía, sobre todo cuando se trata de esperar soluciones a problemas que no son nuevos ni desconocidos, aunque en los últimos meses hayan adquirido un cariz preocupante. La espera no puede ser una promesa que nunca llega a materializarse. Los proyectos deben comenzar a materializarse al mismo tiempo que las medidas que ya están en marcha continúan aplicándose sin relajar en ningún momento su intensidad ni permitir que poco a poco caigan en el olvido porque la situación en la frontera registre mejoras puntuales.
La petición de más tiempo y paciencia sólo tiene sentido si el primero no se desperdicia y la segunda tiene alguna recompensa, que en este caso es contar con una frontera que no tenga nada que envidiar en su funcionamiento a las del resto de la Unión Europea.





