El discurso oficial ofrecido ayer por el coronel de la Guardia Civil con motivo de los adelantados días del Pilar dejó una clave importante que nunca ha sido atendida, como se debiera, por ninguno de los gobiernos. Gómez Salinero reclamó la existencia de protocolos claros que sirvan de pauta para los agentes de la Benemérita en sus actuaciones vinculadas a la inmigración que llega por mar o por frontera.
Que se pida tiene un porqué, más allá de que resulte chocante que en pleno 2018 nadie haya sabido concretar con el detalle necesario que se debe hacer ante una entrada masiva, o no, de personas.
Que los guardias obren sin tener ese respaldo por escrito tiene sus consecuencias jurídicas y directas para ellos, no para los políticos. Estos últimos gustan de decir en los discursos que respaldan a los guardias civiles, pero no he visto a ninguno todavía desfilar en calidad de investigado, camino del Palacio de Justicia, para responder de actuaciones.
Ni el PP ni el PSOE han sido capaces de dejar un documento claro que se convierta en el blindaje necesario para que, después de una jornada de trabajo, un agente no se vea ante el juez por obrar de una u otra forma. Si lo hace, al menos debería ir de la mano del ministro de turno que firmó el modus operandi que se debe seguir.
Pero no, resulta que en la denominada Frontera Sur nunca hay nada claro y se actúa de la forma que se cree que se debe actuar, sin que realmente haya un patrón único con el que poder responder evitando la inseguridad sangrante que sigue persistiendo en la actualidad.
Fíjense que ha habido situaciones de encaramados a la valla, en las que los guardias civiles han obrado de manera opuesta en cuestión de minutos: haciendo descender a unos para entregarlos a Marruecos y, en cambio, aceptando a otros.
No había diferencias entre unos y otros, salvo que a una autoridad le entró el miedo y en plena devolución ordenó a los guardias civiles que pararan y que los restantes quedaran en nuestro territorio. Hemos asistido a situaciones en las que se devolvía a un subsahariano tras permanecer casi un día encaramado y, en cambio, se aceptaba a otros que llevaban horas porque, sencillamente, había cámaras grabando.
¿Es esto serio? Desde luego que no, como tampoco lo es que tengamos a hombres y mujeres trabajando en unos menesteres sin saber con claridad si lo que hacen ahora es permitido o no. No creo que en asuntos de este calado haya que trabajar a gusto del consumidor.
La Guardia Civil no es una marioneta a la que ahora se le da una orden y mañana otra de acuerdo a la conveniencia del partido de turno. Quizá la clave esté en saber respetar el trabajo de los demás sin pensar en las opciones de voto que más rentables sean.
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