El Gobierno vuelve a sacar el pañuelo para ejercer su papel de plañidera con el tema de los MENA. La combinación con términos como “alarma”, “insostenible” o “desbordados” crea un caldo de cultivo que provoca que todos terminen estando de acuerdo con la cantinela que explota el equipo de Vivas. Evita, además, que se profundice en el origen de esta situación y se aborde con claridad un asunto que, de caer en las mentes radicales que van pululando con cada vez mayor fuerza en todos los ámbitos, terminará siendo explosivo. Tiempo al tiempo. Lo que uno dice y, sobre todo, cómo lo dice tiene sus consecuencias. Y hay a quienes se les presupone una madurez y claridad en la gestión que, sinceramente, se pierde cuando los intereses pesan sobre otros asuntos.
Ceuta y su gobierno decidieron en un momento histórico -finales de los años 90- asumir las transferencias de Menores. Lo decidió el Partido Popular, asumiendo una competencia que tenía el Estado. Una competencia que le llevó a tener un área de Menores con un equipo de profesionales al que, por cierto, nunca ha querido dar una estabilidad debida y obligada. Cuando el ‘juguete’ de los menores le empezó a resultar complejo porque el número de niños marroquíes aumentaba sin control, el PP hizo dos cosas: dejar que se les llamara ‘mofetas’ en un Pleno (luego nos escandalizamos de lo que vimos el pasado lunes) y esconderlos en una casa militar del Monte Hacho para quitarlos de la calle mientras las devoluciones en caliente se hacían por la frontera hasta que unos valientes policías locales dieron un paso adelante denunciando lo que pasaba. Se les castigó por frenar una barbaridad. Ese fue su premio.
En aquellos años teníamos un montón de niños en la calle, de hecho fue la artimaña que usó el GIL para ganar las elecciones. Eran aquellos tiempos en los que venían cadenas de televisión nacionales para, por cuatro duros, decirles a los niños -hartos de pegamento- que se metieran en los contenedores porque necesitaban una apertura en el informativo y por aquel entonces aquello ‘debía vender’. Pasaron los años y hasta que una advertencia del Fiscal no ‘acojonó’ a los mandatarios, no se cerró la casa de los horrores del Hacho, ocupando lo que era un albergue social en Hadú que estaba destinado a otros asuntos. Durante todo ese tiempo que nos lleva a la situación actual ha habido promesas de construcción de un centro en condiciones, hubo partidas presupuestarias, proyectos... pero nada se ha hecho. Nada. Aquellos menores de finales de los 90 era los mismos que ahora, eran también marroquíes y su control era competencia del Estado al ser considerados inmigrantes. Pero no escuché hablar de “alarma” ni de situación “insostenible”. La frontera del Tarajal era el mismo esperpento que tenemos hoy, el mismo coladero que permite la entrada de niños sin preguntarles dónde están sus padres. Pero hoy el PP nos mete el miedo en el cuerpo, nos dice que no podemos más y nos repite las mismas estadísticas de forma machacona. Se han olvidado de darnos unas explicaciones: por qué ahora sí y antes no; por qué asumieron unas transferencias de forma irresponsable.






