Los Rosales sigue intentando recuperar una normalidad que quedó atrás con las entradas masivas de finales de julio. Por sus calles continúan deambulando cientos de personas inmigrantes mientras los vecinos miran desde sus casas y los pequeños comercios trabajan tras las rejas.
En la tienda de La Reina de Los Rosales, Ikram permanece detrás de la puerta. La reja está echada y solo se abre cuando así lo decide el dueño del establecimiento, que se ha convertido en guardia de seguridad en la puerta para filtrar quien entra y quien no.
“Los vecinos no podemos salir, no podemos tener nuestra vida. Estamos nosotros encerrados en nuestras casas y ellos por ahí, por la calle”, cuenta Ikram también como ciudadana, más allá de su trabajo en la tienda.
“Un mes sin ver a algunos clientes”
La situación también ha cambiado la clientela del establecimiento. “Hay clientes que llevamos un mes y medio sin verlos”, cuenta esta trabajadora.
Algunos compradores habituales que acudían prácticamente todos los días ahora aparecen cada diez jornadas. Las ventas se han visto afectadas y el negocio se ha visto obligado a trabajar con la persiana como barrera.
“Se nos llena la tienda de inmigrantes”
“Si abrimos la puerta se nos llena la tienda de personas inmigrantes”, relata. El dueño asegura que permanece junto a la entrada durante toda la jornada para controlar quién entra.
“Estamos súper estresados. Desde que nos ponemos en camino para entrar a trabajar ya estamos estresados y estamos fritos porque llegue la hora de irnos”, relata.
“Solamente vendemos pan, atún, tomate y galletas. Y de qué sirve si te compran una cosa y te roban 3”, trasladaban desde La Reina refiriéndose a alguna actitudes de estas personas que deambulan por las calles.
Vecinos que han dejado de salir
Este problema afecta a comercios, sí, pero también a los vecinos. Jesús Fernández vive en la zona y reconoce que la situación le genera “desesperación”. Cuenta que tiene a sus hijos en Madrid y que este verano tampoco ha podido ir a visitarlos porque teme dejar su vivienda sola.
“Pueden dar una patada, se te pueden meter dentro”, relata.
También afirma que hubo un momento en el que la zona estuvo algo más tranquila, cuando muchas de las personas que permanecían en Los Rosales fueron trasladadas al embolsamiento de Loma Colmenar.
Ahora, según los vecinos, parte de esas personas han regresado a los alrededores tras la instalación del asentamiento tras la antigua cárcel.
La farmacia pide vigilancia durante la noche
María Jesús Rodríguez, responsable de la farmacia de Los Rosales, recuerda los primeros días de la avalancha como una imagen difícil de olvidar. “Esto era un reguero de gente”, cuenta.
Ahora las mañanas transcurren con algo más de calma, aunque la preocupación permanece. La farmacéutica pone el foco en las noches y reclama una presencia policial estable. “Aquí tiene que haber vigilancia, por lo menos para que se mantenga la paz nocturna”, sostiene.
Sin paz por las noches
Rodríguez explica que existen personas que permanecen en terrenos, jardines, callejones y zonas de vegetación de los alrededores. Incluso asegura haber encontrado personas sobre el tejado de la farmacia.
La situación también ha cambiado la forma de marcharse del trabajo. “Ayer me fui con una de mis empleadas, la esperé, para no dejarla sola”, cuenta.
Recuperar la normalidad
Los vecinos de Los Rosales piden recuperar algo tan sencillo como poder abrir una puerta sin miedo, salir por la noche, dejar la casa vacía durante unos días o ver de nuevo a los clientes habituales entrando en los pequeños comercios.
“Tenemos que ser muy fuertes, porque solamente así, juntos, podremos sobrellevar la ansiedad que tenemos constante”, concluyó María Jesús. En Los Rosales, la petición se repite entre comerciantes y vecinos: recuperar la tranquilidad y volver a sentir que la barriada vuelve a ser suya.





